Creí ver un ángel en la playa de Maya Bay

Azul Dean

Poeta fiel al portal
"Salvo morirse, todo en la vejez es impropio: matar, reírse, el sexo y sobre todo seguir viviendo. Salvo morirse, todo en la vejez es impropio. La vejez es indigna, indecente, repulsiva, infame, asquerosa, y los viejos no tienen más derecho que el de la muerte."

Fernando Vallejo Rendón





Creí ver un ángel en la playa de Maya Bay

Aquella bermuda cuajada de flores-murciélago
alejaban de la verdad
sus canillas de pichiglás
y fue de su ombligo,
pequeña semilla redonda,
y no de sus alas
de quien me enamoré
Duró dos días
esparcido por las cimas de Ao Nang
el embeleso
de aquel amor de origami
y té del diablo.
Entre costillas y pezones
destetado del corazón de su madre
loto que arrugué entre mis dedos
sobre una alfombra al sur de Railay
o en una cama de dudosa reputación
en una calle de Koh Tao.
Remataría el poema
con un sol entre la niebla
o el discurso amoral de un león marino
alejándose pavoroso de un trasatlántico
repleto de gaviotas circunspectas
destripando moralina.
Pero no.
No todos los que pasan
comprenderían
que ciento quince dólares
pagan fácilmente
un billete pequeño y distinto
a un lugar a la izquierda del timón
de aquel olvidado impulso.
Qué pereza des-vivir.
Tan cerca estoy hoy de mi columbario
que podría decir
ya estoy muerto.
 
"Salvo morirse, todo en la vejez es impropio: matar, reírse, el sexo y sobre todo seguir viviendo. Salvo morirse, todo en la vejez es impropio. La vejez es indigna, indecente, repulsiva, infame, asquerosa, y los viejos no tienen más derecho que el de la muerte."

Fernando Vallejo Rendón





Creí ver un ángel en la playa de Maya Bay

Aquella bermuda cuajada de flores-murciélago
alejaban de la verdad
sus canillas de pichiglás
y fue de su ombligo,
pequeña semilla redonda,
y no de sus alas
de quien me enamoré
Duró dos días
esparcido por las cimas de Ao Nang
el embeleso
de aquel amor de origami
y té del diablo.
Entre costillas y pezones
destetado del corazón de su madre
loto que arrugué entre mis dedos
sobre una alfombra al sur de Railay
o en una cama de dudosa reputación
en una calle de Koh Tao.
Remataría el poema
con un sol entre la niebla
o el discurso amoral de un león marino
alejándose pavoroso de un trasatlántico
repleto de gaviotas circunspectas
destripando moralina.
Pero no.
No todos los que pasan
comprenderían
que ciento quince dólares
pagan fácilmente
un billete pequeño y distinto
a un lugar a la izquierda del timón
de aquel olvidado impulso.
Qué pereza des-vivir.
Tan cerca estoy hoy de mi columbario
que podría decir
ya estoy muerto.
Me ha gustado, sensible y certero contenido en el marco de una bella escritura. Un abrazo amigo Azul Dean. Paco.
 

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