CROMOFONÍAS DE LA NOCHE
Frente a mi la torre guarda silencio
Podría disolverme con su voz atronadora
pero guarda silencio y mira
Sus piedras en silenciosa armonia
están sólo cubiertas por efímeras corcheas.
Esperan a la noche para desvelar sus colores
La noche guarnecida por finísimas alas
de cartón piedra.
Los colores de la noche desvaídos
por los faros de los automóviles
son sin embargo plásticos como una irreverencia
Los colores de la noche forman el manto opaco
de la torre y sus silencios.
Suena a lo lejos el gemir de los fetos no nacidos
El campo está cubierto por los cordones umbilicales
de las generaciones futuras
como venas putrefactas de corazones sin eco
(Los nasciturus son embalsamados para evitar su podredumbre.)
Los campos se alzan como manos armadas de fusiles
anunciando la revolución que no cesa
y los nasciturus hacen ondear sus banderas
reclamando su vuelta al hogar.
(Esta guerra no es de ellos.)
Los viejos generales invocan a sus aletargados dioses
para que sirvan el vodka salvífico
ya que dan la batalla por perdida.
La noche
la torre
las delicadas doncellas
que procesionan por mi mente
alejando toda posibilidad de ser concebidas
truecan en mármol traslúcido
los tules de sus vestidos
reclamando eternidad…
Mientras esa eternidad inclemente
va grabando palimpsestos en las piedras
con caligrafía de patas de murgaño.
Frente a mi la torre guarda silencio
Podría disolverme con su voz atronadora
pero guarda silencio y mira
Sus piedras en silenciosa armonia
están sólo cubiertas por efímeras corcheas.
Esperan a la noche para desvelar sus colores
La noche guarnecida por finísimas alas
de cartón piedra.
Los colores de la noche desvaídos
por los faros de los automóviles
son sin embargo plásticos como una irreverencia
Los colores de la noche forman el manto opaco
de la torre y sus silencios.
Suena a lo lejos el gemir de los fetos no nacidos
El campo está cubierto por los cordones umbilicales
de las generaciones futuras
como venas putrefactas de corazones sin eco
(Los nasciturus son embalsamados para evitar su podredumbre.)
Los campos se alzan como manos armadas de fusiles
anunciando la revolución que no cesa
y los nasciturus hacen ondear sus banderas
reclamando su vuelta al hogar.
(Esta guerra no es de ellos.)
Los viejos generales invocan a sus aletargados dioses
para que sirvan el vodka salvífico
ya que dan la batalla por perdida.
La noche
la torre
las delicadas doncellas
que procesionan por mi mente
alejando toda posibilidad de ser concebidas
truecan en mármol traslúcido
los tules de sus vestidos
reclamando eternidad…
Mientras esa eternidad inclemente
va grabando palimpsestos en las piedras
con caligrafía de patas de murgaño.