Sinuhé
Poeta adicto al portal
Shoá, tu nombre es una isla.
Emerges enésima
desde tu infinita ausencia
imaginada.
Eres postrera
como una casa de espejos,
intransigente
como el hado singular del olvido.
No busques entre mis sombras la vida, Shoá;
solo tengo una dispersa corola anunciadora
y un pájaro de tinta delicada que espera.
Búscame donde la avispa reina;
donde las ramas del humilde
limonero también sueñan.
Ya sabes que la primavera no existe.
Es un trágico conejo
extraño,
onírico y también;
inexistente.
Es el verano
súbito,
el que me da tiempo a repartir
clichés entre las procesiones;
es la fiebre flotante que me cansa,
los estúpidos tábanos
que de tarde en tarde,
zumban.
Si tuvieras tiempo;
en un hirsuto domingo de mayo
tal vez,
retomarías el blanco
y tocarías esa pandura cereza
que temo;
esa que auyenta la esperanza
y revuelve las avispas
voladoras en el fuego.
Prométeme que volverás
y apagarás la cal
con aguaceros.
Shoá,
ojos de bosque que yaces;
dormida sobre los huesos
que amaron.
......
.....
....
...
..
.
Emerges enésima
desde tu infinita ausencia
imaginada.
Eres postrera
como una casa de espejos,
intransigente
como el hado singular del olvido.
No busques entre mis sombras la vida, Shoá;
solo tengo una dispersa corola anunciadora
y un pájaro de tinta delicada que espera.
Búscame donde la avispa reina;
donde las ramas del humilde
limonero también sueñan.
Ya sabes que la primavera no existe.
Es un trágico conejo
extraño,
onírico y también;
inexistente.
Es el verano
súbito,
el que me da tiempo a repartir
clichés entre las procesiones;
es la fiebre flotante que me cansa,
los estúpidos tábanos
que de tarde en tarde,
zumban.
Si tuvieras tiempo;
en un hirsuto domingo de mayo
tal vez,
retomarías el blanco
y tocarías esa pandura cereza
que temo;
esa que auyenta la esperanza
y revuelve las avispas
voladoras en el fuego.
Prométeme que volverás
y apagarás la cal
con aguaceros.
Shoá,
ojos de bosque que yaces;
dormida sobre los huesos
que amaron.
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