Cuando al fin pude tocar sus labios
y en ellos morir naciendo creí
por su alma
besado besé.
El segundo beso
en el primero atrapado,
responsable de sucesos sin suceder fue
y nuestros cuerpos recorrieron
antes que el tercero herencia reclamara,
de la muerte huyendo ayer.
No hubo más sonidos que el de ladrillos
sobre llamas sin atar,
que el de amor vertido sobre lunas
que a girar volvieron.