Cuando cierro los ojos – 29/5 -

Ezegaleon

Poeta recién llegado
Déjame recordarte así, tal y como eres,
un instante de amor en un abrazo infinito.
En ese rincón de tu pecho donde fui tan pequeño
dame la ternura y la simpleza, que nada más necesito.

Por fin miré con los ojos que nunca miro a la vida.
Ibas desnuda y silenciosa por un sendero blanco.
No supe de tu hablar, tu religión o de tu ropa.
Fuiste a chocar con el alma antes que con el tacto.

Solo puedo conocerte en cada gesto que inventas.
Te derramas en mis ganas como un suspiro al viento,
como la fría humedad en una mañana de rocío
y es que sé quién eres desde un primer momento.

He de volcar sobre el papel aquello que me descubres
y ha de reflejarse en estas palabras mi mejor intento.
Cuando ellas maduran, en las ocasiones que me regalas,
de la misma forma han de madurar por ti mis pensamientos.

Me rendí al amor que me propones,
y he de agradecer lo que al darme a mí le niegas a otros.
Es que detrás de los vidrios por los que te miro
no te diferencias al mundo sino hasta que cierro los ojos.

Has de ser todo aquello que seas en ese lugar
carente de mis sentidos donde te conozco y te quiero.
Porque para aliviar mi calor eres como el hielo en el desierto
y para cubrirme del frío como hoguera en el invierno.

La erosión del tiempo se llevará la juventud
y el futuro podrá, a la vez, convertir los cuerpos,
pero no habrá soledad porque a mi lado estás tú.
Eres la belleza que adoro, y más te adoro por dentro.

Si no te necesitara el sol, el cielo, las nubes y el horizonte
serían los mismos pero los atardeceres serían otros,
y es que detrás de los vidrios por los que he de mirarte
no te reconozco del mundo sino hasta que cierro los ojos.
 
Déjame recordarte así, tal y como eres,
un instante de amor en un abrazo infinito.
En ese rincón de tu pecho donde fui tan pequeño
dame la ternura y la simpleza, que nada más necesito.

Por fin miré con los ojos que nunca miro a la vida.
Ibas desnuda y silenciosa por un sendero blanco.
No supe de tu hablar, tu religión o de tu ropa.
Fuiste a chocar con el alma antes que con el tacto.

Solo puedo conocerte en cada gesto que inventas.
Te derramas en mis ganas como un suspiro al viento,
como la fría humedad en una mañana de rocío
y es que sé quién eres desde un primer momento.

He de volcar sobre el papel aquello que me descubres
y ha de reflejarse en estas palabras mi mejor intento.
Cuando ellas maduran, en las ocasiones que me regalas,
de la misma forma han de madurar por ti mis pensamientos.

Me rendí al amor que me propones,
y he de agradecer lo que al darme a mí le niegas a otros.
Es que detrás de los vidrios por los que te miro
no te diferencias al mundo sino hasta que cierro los ojos.

Has de ser todo aquello que seas en ese lugar
carente de mis sentidos donde te conozco y te quiero.
Porque para aliviar mi calor eres como el hielo en el desierto
y para cubrirme del frío como hoguera en el invierno.

La erosión del tiempo se llevará la juventud
y el futuro podrá, a la vez, convertir los cuerpos,
pero no habrá soledad porque a mi lado estás tú.
Eres la belleza que adoro, y más te adoro por dentro.

Si no te necesitara el sol, el cielo, las nubes y el horizonte
serían los mismos pero los atardeceres serían otros,
y es que detrás de los vidrios por los que he de mirarte
no te reconozco del mundo sino hasta que cierro los ojos.
Sensibilidad vertida hacia la amada. acariciar asi la
belleza desde el sentimient intimo y lleno de simetrias
que conjugan en esa plenitud ofrecida.
el poema es excelente y acaricia bellas imagenes
que se adhieren al lector.
saludos amables de luzyabsenta
 
Déjame recordarte así, tal y como eres,
un instante de amor en un abrazo infinito.
En ese rincón de tu pecho donde fui tan pequeño
dame la ternura y la simpleza, que nada más necesito.

Por fin miré con los ojos que nunca miro a la vida.
Ibas desnuda y silenciosa por un sendero blanco.
No supe de tu hablar, tu religión o de tu ropa.
Fuiste a chocar con el alma antes que con el tacto.

Solo puedo conocerte en cada gesto que inventas.
Te derramas en mis ganas como un suspiro al viento,
como la fría humedad en una mañana de rocío
y es que sé quién eres desde un primer momento.

He de volcar sobre el papel aquello que me descubres
y ha de reflejarse en estas palabras mi mejor intento.
Cuando ellas maduran, en las ocasiones que me regalas,
de la misma forma han de madurar por ti mis pensamientos.

Me rendí al amor que me propones,
y he de agradecer lo que al darme a mí le niegas a otros.
Es que detrás de los vidrios por los que te miro
no te diferencias al mundo sino hasta que cierro los ojos.

Has de ser todo aquello que seas en ese lugar
carente de mis sentidos donde te conozco y te quiero.
Porque para aliviar mi calor eres como el hielo en el desierto
y para cubrirme del frío como hoguera en el invierno.

La erosión del tiempo se llevará la juventud
y el futuro podrá, a la vez, convertir los cuerpos,
pero no habrá soledad porque a mi lado estás tú.
Eres la belleza que adoro, y más te adoro por dentro.

Si no te necesitara el sol, el cielo, las nubes y el horizonte
serían los mismos pero los atardeceres serían otros,
y es que detrás de los vidrios por los que he de mirarte
no te reconozco del mundo sino hasta que cierro los ojos.
ver con los ojos del alma a esa musa... sutil manera de querer y muy sincera.
saludos.
Emilio
 

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