JOSE MANUEL SAIZ
Poeta asiduo al portal
Como ese árbol de quietud serena
que estuvo ayer aquí, que ahora está,
que estará también mañana.
Como esa montaña eterna
que la paciencia vuelve sosegada.
Como el arroyo ondulante
que murmura una ciencia exacta.
Como el agua de un torrente
que da nombre a la nada.
Como la extraña paz del hombre
que concibe un mundo sin fronteras.
Como la fidelidad en la mirada
de los ojos sin conciencia de un animal.
Igual que esa brisa liviana
cuando el enfado de los dioses
la convierte en vandabal.
Como el fuego de lo etéreo
que vive escondido en el trueno.
Igual que la luna en la mañana,
que no estando, está.
Como la palidez de las estatuas enterradas
por el manto de cien décadas....
Así, de la misma manera,
te veo yo a ti cuando dices que me amas.
Y siento dentro de los límites de lo infinito
la mano del Dios eterno
apoyada en el pomo de mi alma,
como para abrir una puerta
que siempre estuvo cerrada.
Como el agua, la brisa y las estatuas...
Así te veo yo a ti, querida mía,
cuando dices que me amas.
...
..
.
que estuvo ayer aquí, que ahora está,
que estará también mañana.
Como esa montaña eterna
que la paciencia vuelve sosegada.
Como el arroyo ondulante
que murmura una ciencia exacta.
Como el agua de un torrente
que da nombre a la nada.
Como la extraña paz del hombre
que concibe un mundo sin fronteras.
Como la fidelidad en la mirada
de los ojos sin conciencia de un animal.
Igual que esa brisa liviana
cuando el enfado de los dioses
la convierte en vandabal.
Como el fuego de lo etéreo
que vive escondido en el trueno.
Igual que la luna en la mañana,
que no estando, está.
Como la palidez de las estatuas enterradas
por el manto de cien décadas....
Así, de la misma manera,
te veo yo a ti cuando dices que me amas.
Y siento dentro de los límites de lo infinito
la mano del Dios eterno
apoyada en el pomo de mi alma,
como para abrir una puerta
que siempre estuvo cerrada.
Como el agua, la brisa y las estatuas...
Así te veo yo a ti, querida mía,
cuando dices que me amas.
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