vinazgo
Poeta recién llegado
Cuando el hambre se vaya
seré dueño de mí mismo
podré escucharte
como te escuchan les demás.
No intentaré nada
para tu esmero, mísero
Te cortaré como puntas
abiertas.
Aguardo por ese momento.
Como si fueras otra persona.
Los mismos ojos, el mismo modo
oculto
de mirar, y sin embargo, otro.
Cuando la saciedad se acerque, por fin.
Libre de imaginarte, esperarte
seguirte siempre hacia el descuidado
ritmo de tu corazón.
Respiro ese momento
cuando de ti no me queda nada.
Subiendo por una escalera
breve
como un joven perdido
que entra al tren
y se acomoda en su asiento
y no mira hacia atrás.
Con esa imprudencia
a la que siempre temí.
Haciendo de todas esas cosas
(las noches despiertas,
los mensajes sin responder,
el palacio en tus brazos
donde conseguía descansar)
recuerdos que casi olvido
que deja de existir porque no lo pienso.
Aunque, por ahora, no lo veo posible.
Y que ese rumor,
que suene y que huela
y que tenga sabor a muerte.
seré dueño de mí mismo
podré escucharte
como te escuchan les demás.
No intentaré nada
para tu esmero, mísero
Te cortaré como puntas
abiertas.
Aguardo por ese momento.
Como si fueras otra persona.
Los mismos ojos, el mismo modo
oculto
de mirar, y sin embargo, otro.
Cuando la saciedad se acerque, por fin.
Libre de imaginarte, esperarte
seguirte siempre hacia el descuidado
ritmo de tu corazón.
Respiro ese momento
cuando de ti no me queda nada.
Subiendo por una escalera
breve
como un joven perdido
que entra al tren
y se acomoda en su asiento
y no mira hacia atrás.
Con esa imprudencia
a la que siempre temí.
Haciendo de todas esas cosas
(las noches despiertas,
los mensajes sin responder,
el palacio en tus brazos
donde conseguía descansar)
recuerdos que casi olvido
que deja de existir porque no lo pienso.
Aunque, por ahora, no lo veo posible.
Y que ese rumor,
que suene y que huela
y que tenga sabor a muerte.