Chema Ysmer
Poeta que considera el portal su segunda casa
Cuando ella duerme
yo descamino los caminos sin meter ruido
para no despertarla,
me envuelvo los pies en madejas de algodón
en espuma de cerveza
en alas de libélula solitaria
barnizo mis dedos
con el carmín radiante de los girasoles tiernos
leo
descansando en las pausas,
tomo
las letras una a una
como si fueran niños pequeños
a los que hay que reprender para que no griten.
En la cocina, a la que voy a menudo,
hago tortilla de patatas, en silencio,
bato los huevos
poniendo los labios en las yemas,
cojo un cuchillo
que abre la piel sin dejar huella;
no soy gran cocinero
pero tomo nota
de los errores
que hacen que el fuego se apague.
Paso al salón,
riego las plantas que me dejó en herencia
un amigo
aficionado a la ornitología;
las bocas verdes del ficus callan,
las piedras que adornan las vitrinas
no dan golpes,
las puertas hacen eco de su espera
y se respetan,
las cortinas duermen
al igual que ella,
como los murciélagos
cuando es de día,
boca abajo.
Cuando ella duerme
yo descamino los caminos
sin meter ruido,
para no despertarla.