iadra
Poeta que considera el portal su segunda casa
¿Qué pasa cuando habitas el Olvido?
Pues nada, que el mapa del lugar es grande,
calles inconexas.
Vas en el boulevard a ciento veinte, y no te estrellas.
Porque, cuando habitas allí, tu no olvidas,
ves las señales que no te dejan perderte
el sabor del destierro,
de otras tierras
que algunas vez te albergaron,
como fue estar en Amor, el mágico parque ese
que cierra a las 10 en punto.
Vas por las calles y todas resultan conocidas.
Allí van a parar todos esos recuerdos
que hace tiempo ya no querías.
Hacen casa, y luego vas a tocarles las puertas
para que te reciban como viejas amigas.
¿Qué pasa? Pues nada, te vas sumergiendo
en brumas grises y aciagas.
Pero no se nota, pasa desapercibido el desgaste
de ser olvidado, luego ya no importa
porque tantas cosas que son olvidadas.
Y tienes allí para acompañarte
notas de infancia
objetos que perdiste,
tardes de cuando la inocencia era mucha
y la oscuridad vaga.
¿Qué pasa cuando habitas el Olvido?
Pues que puedes esconderte, porque nadie te halla.
Pues nada, que el mapa del lugar es grande,
calles inconexas.
Vas en el boulevard a ciento veinte, y no te estrellas.
Porque, cuando habitas allí, tu no olvidas,
ves las señales que no te dejan perderte
el sabor del destierro,
de otras tierras
que algunas vez te albergaron,
como fue estar en Amor, el mágico parque ese
que cierra a las 10 en punto.
Vas por las calles y todas resultan conocidas.
Allí van a parar todos esos recuerdos
que hace tiempo ya no querías.
Hacen casa, y luego vas a tocarles las puertas
para que te reciban como viejas amigas.
¿Qué pasa? Pues nada, te vas sumergiendo
en brumas grises y aciagas.
Pero no se nota, pasa desapercibido el desgaste
de ser olvidado, luego ya no importa
porque tantas cosas que son olvidadas.
Y tienes allí para acompañarte
notas de infancia
objetos que perdiste,
tardes de cuando la inocencia era mucha
y la oscuridad vaga.
¿Qué pasa cuando habitas el Olvido?
Pues que puedes esconderte, porque nadie te halla.