La alegría la transpirabas,
y permitías embriagarme de tu aliento,
y el tiempo pasaba lento, muy lento...
Respirábamos a la par,
y las aves revoloteaban,
cuando el sonido de la naturaleza,
nos llenó de susurros angelicales.
Te amo, me confesaste al oído,
y sabías que no era necesario responderte,
y el tiempo se detuvo en un beso profundo,
que nos fundió como nunca nadie lo ha hecho.
La luz del infinito iluminó tu silueta,
y las olas venían una y otra vez,
como mi amor que se acrecentaba más y más.
Y tu esencia quedó impregnada para siempre,
en mis labios, en mi cuerpo, en mi espíritu...
sabía que ya no podía vivir sin tí.
Y ví mi futuro en tus misteriosos ojos,
y me inundaste con el
aroma perfecto del amor.
Me amaste por mí, como nadie lo había hecho,
y el tiempo pasaba lento, muy lento
como nunca lo había hecho en mi vida.
¿Porqué me amas?, pregunté,
y tu mano acalló mis labios,
alcanzando a decir que yo era único,
a quién se le aprende a amar sin mentiras y engaños.
Me quedé mudo.
¿Porqué me amas?, preguntaste,
y sólo pude responder que tu ser
se convirtió en el templo sagrado
donde calmar mi sed de amar,
donde enterrar la desesperación y soledad.
Lloramos juntos, fue inevitable hacerlo,
sabíamos que no era posible
retener para siempre ese momento.
Y el cielo se entristeció al vernos,
y nos cubrió gota a gota de su llanto,
mientras las aves huían al nido,
tus ojos me miraron y me dijeron TE AMO.
Hoy, tras el paso del tiempo,
vuelvo a buscarte donde
no se pudo inmortalizar el instante
en que nuestras almas hicieron el amor.
y permitías embriagarme de tu aliento,
y el tiempo pasaba lento, muy lento...
Respirábamos a la par,
y las aves revoloteaban,
cuando el sonido de la naturaleza,
nos llenó de susurros angelicales.
Te amo, me confesaste al oído,
y sabías que no era necesario responderte,
y el tiempo se detuvo en un beso profundo,
que nos fundió como nunca nadie lo ha hecho.
La luz del infinito iluminó tu silueta,
y las olas venían una y otra vez,
como mi amor que se acrecentaba más y más.
Y tu esencia quedó impregnada para siempre,
en mis labios, en mi cuerpo, en mi espíritu...
sabía que ya no podía vivir sin tí.
Y ví mi futuro en tus misteriosos ojos,
y me inundaste con el
aroma perfecto del amor.
Me amaste por mí, como nadie lo había hecho,
y el tiempo pasaba lento, muy lento
como nunca lo había hecho en mi vida.
¿Porqué me amas?, pregunté,
y tu mano acalló mis labios,
alcanzando a decir que yo era único,
a quién se le aprende a amar sin mentiras y engaños.
Me quedé mudo.
¿Porqué me amas?, preguntaste,
y sólo pude responder que tu ser
se convirtió en el templo sagrado
donde calmar mi sed de amar,
donde enterrar la desesperación y soledad.
Lloramos juntos, fue inevitable hacerlo,
sabíamos que no era posible
retener para siempre ese momento.
Y el cielo se entristeció al vernos,
y nos cubrió gota a gota de su llanto,
mientras las aves huían al nido,
tus ojos me miraron y me dijeron TE AMO.
Hoy, tras el paso del tiempo,
vuelvo a buscarte donde
no se pudo inmortalizar el instante
en que nuestras almas hicieron el amor.