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Cuando la luna está sobre la mar.

Luciana Rubio

Poeta veterano en el portal

Si sube la marea
cuando la luna está sobre la mar,
¿qué te cuesta venir a que te lea?

¿A dónde es tu rimar?
¿por qué escondes tu ritmo que yo adoro?
Está lejos tu voz con su cantar.

¿por qué no estás?, lo ignoro
y eso me angustia y causa desconsuelo.
Ya sé que a veces te hablo sin decoro.

Es que es por este duelo
que me enferma la mente, desespero
y te hablan mis demonios en su vuelo.

No sé por qué aun espero
que tú vuelvas a mí con tono amante,
mas es tan solo un ruego lastimero.

Me callaré al instante.
Debo aceptar que todo ha terminado
y dejar de esperarte, aunque no aguante.
Tu amor es lo mejor que me ha pasado

 

Si sube la marea
cuando la luna está sobre la mar,
¿qué te cuesta venir a que te lea?

¿A dónde es tu rimar?
¿por qué escondes tu ritmo que yo adoro?
Está lejos tu voz con su cantar.

¿por qué no estás?, lo ignoro
y eso me angustia y causa desconsuelo.
Ya sé que a veces te hablo sin decoro.

Es que es por este duelo
que me enferma la mente, desespero
y te hablan mis demonios en su vuelo.

No sé por qué aun espero
que tú vuelvas a mí con tono amante,
mas es tan solo un ruego lastimero.

Me callaré al instante.
Debo aceptar que todo ha terminado
y dejar de esperarte, aunque no aguante.
Tu amor es lo mejor que me ha pasado

Gran demostración y reconocimiento de amor.
Así es como debe ser.

Saludos
 
Este poema refleja el profundo dolor emocional y la melancolía de alguien que anhela una conexión que ya no está presente. La imagen de la marea al comienzo, con su evocación del ritmo natural del mundo, contrasta con la ausencia del ser amado, lo que añade una capa de tristeza al tono del poema.

La persona que habla parece debatirse entre la esperanza de un reencuentro y la necesidad de aceptar la realidad de la separación. La estructura en tercetos sigue un patrón en el que el yo poético expone su angustia por la ausencia de la otra persona, revelando un diálogo interno cargado de desesperación y autocrítica.

Se percibe la lucha entre la razón que le dice que debe dejar de esperar y el corazón, que aún clama por la posibilidad de un regreso. El uso del ritmo y las rimas enfatiza el tono lastimero y lleno de desasosiego, y el verso final, "Tu amor es lo mejor que me ha pasado", cierra con un reconocimiento de lo valioso de la relación, aunque ahora solo quede como un recuerdo doloroso.

En resumen, el poema habla del duelo amoroso, la incertidumbre que viene con el fin de una relación, y la difícil transición entre el anhelo y la resignación.
 

Si sube la marea
cuando la luna está sobre la mar,
¿qué te cuesta venir a que te lea?

¿A dónde es tu rimar?
¿por qué escondes tu ritmo que yo adoro?
Está lejos tu voz con su cantar.

¿por qué no estás?, lo ignoro
y eso me angustia y causa desconsuelo.
Ya sé que a veces te hablo sin decoro.

Es que es por este duelo
que me enferma la mente, desespero
y te hablan mis demonios en su vuelo.

No sé por qué aun espero
que tú vuelvas a mí con tono amante,
mas es tan solo un ruego lastimero.

Me callaré al instante.
Debo aceptar que todo ha terminado
y dejar de esperarte, aunque no aguante.
Tu amor es lo mejor que me ha pasado



Un corazón herido, desangrando bellas letras
Un placer leerte, saludos cordiales
Alfredo
 
Este poema refleja el profundo dolor emocional y la melancolía de alguien que anhela una conexión que ya no está presente. La imagen de la marea al comienzo, con su evocación del ritmo natural del mundo, contrasta con la ausencia del ser amado, lo que añade una capa de tristeza al tono del poema.

La persona que habla parece debatirse entre la esperanza de un reencuentro y la necesidad de aceptar la realidad de la separación. La estructura en tercetos sigue un patrón en el que el yo poético expone su angustia por la ausencia de la otra persona, revelando un diálogo interno cargado de desesperación y autocrítica.

Se percibe la lucha entre la razón que le dice que debe dejar de esperar y el corazón, que aún clama por la posibilidad de un regreso. El uso del ritmo y las rimas enfatiza el tono lastimero y lleno de desasosiego, y el verso final, "Tu amor es lo mejor que me ha pasado", cierra con un reconocimiento de lo valioso de la relación, aunque ahora solo quede como un recuerdo doloroso.

En resumen, el poema habla del duelo amoroso, la incertidumbre que viene con el fin de una relación, y la difícil transición entre el anhelo y la resignación.
Estimado José Anibal, poeta, muchas gracias por este extenso y apropiado análisis del poema el cual te agradezco mucho. Tienes esa habilidad de llegar al fondo y encontrar todos los pequeños detalles y minucias que deja una sugeridas en las palabras. Es un honor recubir tu atención. Un abrazo fuerte.
 

Si sube la marea
cuando la luna está sobre la mar,
¿qué te cuesta venir a que te lea?

¿A dónde es tu rimar?
¿por qué escondes tu ritmo que yo adoro?
Está lejos tu voz con su cantar.

¿por qué no estás?, lo ignoro
y eso me angustia y causa desconsuelo.
Ya sé que a veces te hablo sin decoro.

Es que es por este duelo
que me enferma la mente, desespero
y te hablan mis demonios en su vuelo.

No sé por qué aun espero
que tú vuelvas a mí con tono amante,
mas es tan solo un ruego lastimero.

Me callaré al instante.
Debo aceptar que todo ha terminado
y dejar de esperarte, aunque no aguante.
Tu amor es lo mejor que me ha pasado


Enorme amiga Luciana. Su pluma mo descansa y nos hace regalo tras regalo.
Un placer siempre detenerse en tu obra.
Un fuerte abrazo desde mis cielos.

 
Una replica a tu poema:

Cuando el mar besa la luna

Cuando el mar besa la luna,
algo se desordena en la piel del tiempo,
como si las olas supieran
de ese lenguaje que tú y yo inventamos,
hecho de susurros que se ahogan entre dos bocas.
Te pienso,
y te haces espuma en el borde de mis pensamientos,
inmensa y pequeña,
como un suspiro que danza en la orilla de lo posible.

Tu cuerpo,
es la línea curva que el horizonte intenta abrazar
y nunca logra.
Es un deseo infinito,
como las ganas que me inundan
cuando el silencio entre nosotros es un eco que muerde.
Te desnudo con los ojos,
y eres un poema que se arrastra hasta mis manos,
una constelación de lunares
que navega en el mar de mis dedos.

Hemos aprendido a amarnos en el margen de lo eterno,
como si nuestros cuerpos fueran páginas de un libro
que alguien olvidó leer,
abandonadas en la biblioteca del azar.
Pero cuando te acercas,
como ola que viene y se va,
somos el verso suelto que desata las mareas.

Es tan sencillo perderse en ti,
como caer en el abismo dulce de una palabra,
como si la poesía tuviera sabor a sal
y a tu piel húmeda de lunas.
Entonces te beso,
y no importa si el mundo se rompe en mil pedazos,
porque en ese instante,
somos agua que lo llena todo,
una marea que desborda los límites del deseo.

Te amo,
como ama el mar a la luna,
en la distancia que se acerca sin tocar,
en la espera que nunca termina,
en el vaivén de las noches,
donde tú y yo somos sombra,
y luz,
y eternidad suspendida entre la marea y el cielo.

Fin.
 
Una replica a tu poema:

Cuando el mar besa la luna

Cuando el mar besa la luna,
algo se desordena en la piel del tiempo,
como si las olas supieran
de ese lenguaje que tú y yo inventamos,
hecho de susurros que se ahogan entre dos bocas.
Te pienso,
y te haces espuma en el borde de mis pensamientos,
inmensa y pequeña,
como un suspiro que danza en la orilla de lo posible.

Tu cuerpo,
es la línea curva que el horizonte intenta abrazar
y nunca logra.
Es un deseo infinito,
como las ganas que me inundan
cuando el silencio entre nosotros es un eco que muerde.
Te desnudo con los ojos,
y eres un poema que se arrastra hasta mis manos,
una constelación de lunares
que navega en el mar de mis dedos.

Hemos aprendido a amarnos en el margen de lo eterno,
como si nuestros cuerpos fueran páginas de un libro
que alguien olvidó leer,
abandonadas en la biblioteca del azar.
Pero cuando te acercas,
como ola que viene y se va,
somos el verso suelto que desata las mareas.

Es tan sencillo perderse en ti,
como caer en el abismo dulce de una palabra,
como si la poesía tuviera sabor a sal
y a tu piel húmeda de lunas.
Entonces te beso,
y no importa si el mundo se rompe en mil pedazos,
porque en ese instante,
somos agua que lo llena todo,
una marea que desborda los límites del deseo.

Te amo,
como ama el mar a la luna,
en la distancia que se acerca sin tocar,
en la espera que nunca termina,
en el vaivén de las noches,
donde tú y yo somos sombra,
y luz,
y eternidad suspendida entre la marea y el cielo.

Fin.

Respuesta a tu réplica.

Tu amor es noche.

Tu amor es noche y día, día y noche,
continuidad azul del firmamento,
es ansiedad de amor, dulce lamento,
que me ha encendido el alma con su broche.

Es una luz que intensa me deslumbra,
que me mantiene en vilo, en su suspenso,
sensación infinita, eterno ascenso
y sin tacto, mi piel ya te columbra.

Puede ser por ventura tu mensaje
alguna confusión de mis sentidos
nacido del deseo en mis latidos.

O será un artificio del lenguaje,
tu lenguaje y tu voz iridiscente
que causa confusiones a mi mente.

Tu voz es elocuente
y es capaz de crear un paraíso,
mas en mi corazón hay compromiso.

 
Última edición:
Replica a la replica :
Ah, pero qué noche, qué día, qué invención de astros que no existen salvo en la punta de tus palabras. Es como si al mirarte, esa continuidad azul se deshiciera en pedazos, en fragmentos que uno trata de recoger con manos torpes, porque en ese broche hay algo más que amor, hay vértigo, hay el hueco de no saber si uno sube o baja, si es la piel la que siente o es otra cosa más allá de lo que podemos tocar.

Ese "alguna confusión de mis sentidos" lo veo tan claro, ¿y si no es confusión? ¿Si es que los sentidos se rinden ante lo que no comprenden y sólo les queda llamarlo amor, como un atajo mental? Porque no hay otra palabra, o quizás la haya, pero no nos la enseñaron. Y tu lenguaje, claro, siempre el lenguaje, que arma trampas, que juega a ser lo que no es, pero ¿qué le vamos a hacer si caemos siempre? Iridiscente, dices, y ya estoy enredado, buscando qué significa eso para ti, y qué no significa para mí.

Elocuente, claro que sí, pero hay algo de trampa en esa elocuencia, como si hablar demasiado fuera ya una forma de esconder. Y mientras tanto, tu corazón con su compromiso, como si en medio de tanto paraíso, uno no se sintiera ya un poco perdido. Pero es eso, ¿no?, el perderse. Porque si uno se encuentra demasiado, se acaba el juego, y eso, eso no lo queremos.

Y ahí estás, y aquí estoy, sin salirnos del todo, sin quedarnos tampoco.
 
Replica a la replica :
Ah, pero qué noche, qué día, qué invención de astros que no existen salvo en la punta de tus palabras. Es como si al mirarte, esa continuidad azul se deshiciera en pedazos, en fragmentos que uno trata de recoger con manos torpes, porque en ese broche hay algo más que amor, hay vértigo, hay el hueco de no saber si uno sube o baja, si es la piel la que siente o es otra cosa más allá de lo que podemos tocar.

Ese "alguna confusión de mis sentidos" lo veo tan claro, ¿y si no es confusión? ¿Si es que los sentidos se rinden ante lo que no comprenden y sólo les queda llamarlo amor, como un atajo mental? Porque no hay otra palabra, o quizás la haya, pero no nos la enseñaron. Y tu lenguaje, claro, siempre el lenguaje, que arma trampas, que juega a ser lo que no es, pero ¿qué le vamos a hacer si caemos siempre? Iridiscente, dices, y ya estoy enredado, buscando qué significa eso para ti, y qué no significa para mí.

Elocuente, claro que sí, pero hay algo de trampa en esa elocuencia, como si hablar demasiado fuera ya una forma de esconder. Y mientras tanto, tu corazón con su compromiso, como si en medio de tanto paraíso, uno no se sintiera ya un poco perdido. Pero es eso, ¿no?, el perderse. Porque si uno se encuentra demasiado, se acaba el juego, y eso, eso no lo queremos.

Y ahí estás, y aquí estoy, sin salirnos del todo, sin quedarnos tampoco.
Ser y no ser, como el gato de Schrödinger.
 
Ser y no ser, como el gato en la caja,
vivo y muerto, a la vez, en tu mirada,
así camina el corazón, descalzo y sin mapa,
donde la duda y el deseo son la misma palabra.

Eres y no eres, sombra que danza en mi piel,
un suspiro atrapado, silencio que arde,
y en este rincón, donde el tiempo se parte,
te busco y me encuentro, en el todo y el ayer.
 
Tu palabra surca espacios
y vértebras va tocando
esqueletos estirando
y los va dejando lacios
cual pulseras de topacios.
Como teclas tocas mentes
que resuenan a tu canto
y se afinan entretanto
arrullándote inclementes
con sus versos, entre dientes.

Te susurran sus canciones
porque el canto los alegra
y a tu verso los integra
van buscando sensaciones
con aroma de pasiones.
Tienes fácil el hablar
es tu canto de colores
como si nombraras flores
y las haces desfilar
hasta una escala estelar.
 
Tu palabra, sí, la palabra, esa cosa que se mete entre huesos y piel como un insecto, como un susurro que no pide permiso. Te veo pasearte entre mentes, tocando aquí, allá, sin mirar atrás, dejando cuerpos tirados como si fueran nada, como si fueran el eco de tu voz y ya está.
Porque tú hablas, y no importa si escuchan, si entienden o no entienden. Tu canto no se detiene por eso. Va buscando lo suyo, lo que sea, una sonrisa torcida, un ojo que parpadea.
Y ellos, los otros, esos que llaman humanos, te siguen, te huelen, te sienten. Les encanta que les cantes, aunque no lo digan, aunque se les atragante la risa, aunque entre dientes te maldigan o te recen. Porque al final, tú sabes cómo son. Son tuyos, como las flores que nombras, como el cielo que pintas con tus palabras cansadas.
Hablas fácil, sí, y ellos te siguen, como si tu voz fuera el camino y no tuvieran otro destino más que escucharte, más que dejarse llevar por esa escalera que construyes con flores, con versos, con nada y con todo.
 
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