Ricardo López Castro
*Deuteronómico*
En los labios del silencio
coloqué oscuridades y reflejos,
mía, tú, decidiste,
ser,
cuando se sobrecogen las miradas,
salen del cuerpo y lo dejan en carne viva.
Toda esa vividez, nítida y concisa,
la plasmé dibujando en tu sombra una semilla,
cuál,
la luz, dijimos,
tras verla brotar del único espacio entre nosotros.
El resto son uniones de aristas,
y de estrellas,
como si fuese un gran paso para las matemáticas,
reiterativo.
Y es que algo tiene que enseñar el arte del amor.
Todo esto, cayendo la noche,
cuando se trata de un lugar,
que llevar dentro,
a fuego,
hablamos de algo que no habla…
Solo abrasa la historia de la vida.
coloqué oscuridades y reflejos,
mía, tú, decidiste,
ser,
cuando se sobrecogen las miradas,
salen del cuerpo y lo dejan en carne viva.
Toda esa vividez, nítida y concisa,
la plasmé dibujando en tu sombra una semilla,
cuál,
la luz, dijimos,
tras verla brotar del único espacio entre nosotros.
El resto son uniones de aristas,
y de estrellas,
como si fuese un gran paso para las matemáticas,
reiterativo.
Y es que algo tiene que enseñar el arte del amor.
Todo esto, cayendo la noche,
cuando se trata de un lugar,
que llevar dentro,
a fuego,
hablamos de algo que no habla…
Solo abrasa la historia de la vida.