ludmila
Poeta veterano en el portal
Cuando tú y yo nos amábamos,
nos encontrábamos
como las clandestinidades espurias
en el viento cansino
que avasallaba el crepúsculo
Nos amábamos como ángeles
en el corazón de la ternura
que elogiaban las alondras
derrochando la savia de las lunas,
amaneciendo en la logia de los álamos
irritando a los necios de las almas
que sufrían en silencio por lo esquivo.
Tú y yo nos sabíamos amantes de la bruma
inigualables adoradores de las risas sempiternas.
Nada ni nadie nos robaba las caricias
por que el caudal de bocas nos quemaba.
Un volcán de iniquidades nos besaba
un corazón de terciopelo recóndito
acunaba los brazos de la arritmia
que se elevaba al son de la memoria.
Nos amábamos
en la orilla ardiente de la noche
cuando los grillos
en un coro de aquelarres
se ahogaban en la sombra de las norias
nos encontrábamos
como las clandestinidades espurias
en el viento cansino
que avasallaba el crepúsculo
Nos amábamos como ángeles
en el corazón de la ternura
que elogiaban las alondras
derrochando la savia de las lunas,
amaneciendo en la logia de los álamos
irritando a los necios de las almas
que sufrían en silencio por lo esquivo.
Tú y yo nos sabíamos amantes de la bruma
inigualables adoradores de las risas sempiternas.
Nada ni nadie nos robaba las caricias
por que el caudal de bocas nos quemaba.
Un volcán de iniquidades nos besaba
un corazón de terciopelo recóndito
acunaba los brazos de la arritmia
que se elevaba al son de la memoria.
Nos amábamos
en la orilla ardiente de la noche
cuando los grillos
en un coro de aquelarres
se ahogaban en la sombra de las norias
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