Rey de la Patagonia
Poeta adicto al portal
Cuando no estas,
el tiempo no habla,
pasa de largo y no espera,
tu recuerdo cristaliza la noche,
y se desliza sobre mi cama,
un te quiero vestido de sueños.
Un beso de tu boca y la mía
convertido en verso,
cuelga de los visillos,
ciegos testigos de calor de tus mejillas,
de tus jardines y de tus lirios,
de tu rosa,
infinitamente mía.
Mía, como antes,
Mía como ahora,
Mía en esta noche que agoniza enfermiza,
Mía en la fiebre de tu ausencia,
Mía en la soledad de tu espejo,
Mía en tus carteras vacías,
en tu colección de zapatos,
Mía en la delicadeza de tu joyero,
en tus pañuelos,
en tus faldas,
mía en esta noche que me faltas.
Tu recuerdo cristaliza la noche,
y parecen absurdas las estrellas de Junio,
atrincheradas en sus nubes,
fisgonas ellas de tu ausencia,
muy amarillas para mí,
demasiado amarillas,
te extraño, mujer,
te extraño sentado en tu lado de cama.
Enciendo y apago tu lámpara,
me se de memoria los secretos de tus cajones,
y me he quedado detenido en tu closet,
sin saber qué hacer,
como si esperara que emergieras detrás de un abrigo.
Demasiado amarillas las estrellas para mí,
atrincheradas en sus nubes,
fisgonas de tu ausencia,
impacientes por ser azules,
como mis manos en su desvelo solitario,
en la necesidad que se diluye,
en el satín de tu bata.
Así siento que te acercas,
Así siento que esta noche será la última,
sin tus ganas,
se sonríen los visillos junto conmigo,
ciegos testigos del calor de tus mejillas,
de tus jardines y de tus lirios,
de tu rosa,
y de mis propias ganas.
el tiempo no habla,
pasa de largo y no espera,
tu recuerdo cristaliza la noche,
y se desliza sobre mi cama,
un te quiero vestido de sueños.
Un beso de tu boca y la mía
convertido en verso,
cuelga de los visillos,
ciegos testigos de calor de tus mejillas,
de tus jardines y de tus lirios,
de tu rosa,
infinitamente mía.
Mía, como antes,
Mía como ahora,
Mía en esta noche que agoniza enfermiza,
Mía en la fiebre de tu ausencia,
Mía en la soledad de tu espejo,
Mía en tus carteras vacías,
en tu colección de zapatos,
Mía en la delicadeza de tu joyero,
en tus pañuelos,
en tus faldas,
mía en esta noche que me faltas.
Tu recuerdo cristaliza la noche,
y parecen absurdas las estrellas de Junio,
atrincheradas en sus nubes,
fisgonas ellas de tu ausencia,
muy amarillas para mí,
demasiado amarillas,
te extraño, mujer,
te extraño sentado en tu lado de cama.
Enciendo y apago tu lámpara,
me se de memoria los secretos de tus cajones,
y me he quedado detenido en tu closet,
sin saber qué hacer,
como si esperara que emergieras detrás de un abrigo.
Demasiado amarillas las estrellas para mí,
atrincheradas en sus nubes,
fisgonas de tu ausencia,
impacientes por ser azules,
como mis manos en su desvelo solitario,
en la necesidad que se diluye,
en el satín de tu bata.
Así siento que te acercas,
Así siento que esta noche será la última,
sin tus ganas,
se sonríen los visillos junto conmigo,
ciegos testigos del calor de tus mejillas,
de tus jardines y de tus lirios,
de tu rosa,
y de mis propias ganas.