Luis Fernando Tejada
Poeta reconocido
La noche despoblada de tu aliento
rompe en mil pedazos los cristales
dejando pedazos de vidrio
incrustados en la carne y
surcos de fuego en mi semblante.
La única verdad que poseo
es el alivio de una fe cualquiera,
no sé qué busco,
ni para donde voy,
ni si vengo de un sueño
o voy hacia él
solo sé que hay más
calma en un tornado.
El dolor crece y
no puede pasar inadvertido
miraré mi sombra que llora ante
la certidumbre de
un inmenso hastío pero
rezaré para que jamás
el tiempo la consuma.
Cuando se quiebra el alma
como barco encallado,
ante el embate del odio y
la clemencia
un claro viento
insiste en golpearse
contra muros de tedio y
de costumbre.
Aire de silencio que nace
entre las errantes nubes
estremeciendo el alma
como si se estuviera deshojando.
Espero creer que
por fin no lloverá más,
que la vida me permitirá
arder como leña seca y
así poder convertir
mis despojos en poema.
rompe en mil pedazos los cristales
dejando pedazos de vidrio
incrustados en la carne y
surcos de fuego en mi semblante.
La única verdad que poseo
es el alivio de una fe cualquiera,
no sé qué busco,
ni para donde voy,
ni si vengo de un sueño
o voy hacia él
solo sé que hay más
calma en un tornado.
El dolor crece y
no puede pasar inadvertido
miraré mi sombra que llora ante
la certidumbre de
un inmenso hastío pero
rezaré para que jamás
el tiempo la consuma.
Cuando se quiebra el alma
como barco encallado,
ante el embate del odio y
la clemencia
un claro viento
insiste en golpearse
contra muros de tedio y
de costumbre.
Aire de silencio que nace
entre las errantes nubes
estremeciendo el alma
como si se estuviera deshojando.
Espero creer que
por fin no lloverá más,
que la vida me permitirá
arder como leña seca y
así poder convertir
mis despojos en poema.
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