Amor mío, cuando te desnudas
se desvanece tu cuerpo y alma pura te haces;
para quedar sólo en mirada tu rostro se esfuma;
para decir el eco de tu ser tus labios se callan ;
tus manos, insólitas alas de pétalos blancos,
me invitan inmóviles hasta el infinito a volar;
tu cintura, palmera cimbreante al ritmo del mar,
la secular caricia emula a los vientos;
tus piernas, camino directo que conduce al edén,
cantan el llamado a los poderes del bien;
tu sexo insinúa todas las delicias y todos los deleites
de todas las aguas y de todos los fuegos
en la suprema esencia de la energía vital;
el amor revierte en fascinación el deseo,
en contemplación solemne el instinto
y la carne en el símbolo de la belleza ideal:
mi mundo, entonces, asciende hasta el cielo
y aquellos secretos del mundo y la vida,
nunca develados, jamás entendidos,
vibran comprensibles en mi corazón.
se desvanece tu cuerpo y alma pura te haces;
para quedar sólo en mirada tu rostro se esfuma;
para decir el eco de tu ser tus labios se callan ;
tus manos, insólitas alas de pétalos blancos,
me invitan inmóviles hasta el infinito a volar;
tu cintura, palmera cimbreante al ritmo del mar,
la secular caricia emula a los vientos;
tus piernas, camino directo que conduce al edén,
cantan el llamado a los poderes del bien;
tu sexo insinúa todas las delicias y todos los deleites
de todas las aguas y de todos los fuegos
en la suprema esencia de la energía vital;
el amor revierte en fascinación el deseo,
en contemplación solemne el instinto
y la carne en el símbolo de la belleza ideal:
mi mundo, entonces, asciende hasta el cielo
y aquellos secretos del mundo y la vida,
nunca develados, jamás entendidos,
vibran comprensibles en mi corazón.