susoermida
Poeta recién llegado
Iré a cortar el césped de la melancolía Félix.
Como un beso clavado llevaré mi ímpetu,
como un latido frío dejaré mi impronta
sobre los respiros de la hierba.
Por encima de su fruta olvidada
dejaré que el esplendor alcance la plenitud.
Le daré los ímpetus del peluquero
y la prestancia del diseñador,
la presunción del presumido
y la elegancia del play-boy.
Arañaré las barbas de la tierra
buscando la luz eficaz y rota.
Sentiré un terrible decapitar
y mis brazos empujaran el sentido,
triste, de rosa rota y sementera
de la marcha hacia la consecución.
Mientras tanto y al mismo tiempo
soñaré con que la hierba que corto
está llena de respiraciones y huesos inmutables.
Que dejará paso a otra, que dejará mi jardín
como una espiga lenta, como una palabra dispuesta,
como un manto de estructura perfecta.
Al mismo tiempo pensaré en otras hierbas
que son minutos naciendo en el miedo y la duda
y otros brazos que son palabras.
Garfios nacidos de una sangre.
Y veré en sueños que el verbo se rompe
y no lo dejaran crecer.
Juntaré los trozos de la hierba que corté
y al olerlos tendré en mis sentidos
la niebla oscura que nace antes del día.
Las palabras encerradas en Cuba,
acumuladas en un llanto de olvido turbio sobre
el grito hermano de esa sangre callada
que deja versos como pétalos sobre la piedra.
Juntaré la ira del desgaste.
El devenir del genio soliviantado,
y aun así no podré ver el dolor
de quien duerme junto a la piedra maldita.
Esa piedra fría y sombría
que está sobre la cabeza de mi hermano.
Alejado de mi jardín.
Cercano al déspota.
Desde esta atalaya que vivo.
Desde este préstamo de aire que respiro
como caballo soliviantado,
del cual se alimentan las lagrimas,
veré crecer tu libertad.
Te diré algún día como es el agua clara
de la esperanza dolorosa.
Porque nacerán los dolores y las alegrías
y también nacerán las tristezas.
Y también renacerán esos brazos
que no pueden abrazar tu tierra.
Vives la distancia del dolor.
Aquella que se propaga sobre tu alma.
Vives los lamentos del encerrado libre.
Sientes sus ojos de oscuridad obligada
y la palabra atenazada por el déspota.
¡ay¡
Quisieras ser aire esencial.
Ese repente que entra sin pedirlo.
Vuelo cómplice y suspiro limpio.
Quisiera ser la flor del viento
al lado tuya cubano encerrado.
Cubano, cubano.... que mi sangre se arrodilla
y encuentro puertos de tristeza y melancolía.
Quisiera dejarte esta sangre y estas venas
sobre aquellas que deberían cubrir tu tierra de lagrimas mojada.
Dejarlas al lado de tu dolor y ser de tus palabras
el verso perfecto, esa palabra hundida
en el mercado de los sentimientos.
Que diferencia tan insultante y dolorosa:
tu encerrado por amar la libertad
y mi libertad encerrada por querer verte
y sacudir los soles de la maldita diferencia humana.
Como un beso clavado llevaré mi ímpetu,
como un latido frío dejaré mi impronta
sobre los respiros de la hierba.
Por encima de su fruta olvidada
dejaré que el esplendor alcance la plenitud.
Le daré los ímpetus del peluquero
y la prestancia del diseñador,
la presunción del presumido
y la elegancia del play-boy.
Arañaré las barbas de la tierra
buscando la luz eficaz y rota.
Sentiré un terrible decapitar
y mis brazos empujaran el sentido,
triste, de rosa rota y sementera
de la marcha hacia la consecución.
Mientras tanto y al mismo tiempo
soñaré con que la hierba que corto
está llena de respiraciones y huesos inmutables.
Que dejará paso a otra, que dejará mi jardín
como una espiga lenta, como una palabra dispuesta,
como un manto de estructura perfecta.
Al mismo tiempo pensaré en otras hierbas
que son minutos naciendo en el miedo y la duda
y otros brazos que son palabras.
Garfios nacidos de una sangre.
Y veré en sueños que el verbo se rompe
y no lo dejaran crecer.
Juntaré los trozos de la hierba que corté
y al olerlos tendré en mis sentidos
la niebla oscura que nace antes del día.
Las palabras encerradas en Cuba,
acumuladas en un llanto de olvido turbio sobre
el grito hermano de esa sangre callada
que deja versos como pétalos sobre la piedra.
Juntaré la ira del desgaste.
El devenir del genio soliviantado,
y aun así no podré ver el dolor
de quien duerme junto a la piedra maldita.
Esa piedra fría y sombría
que está sobre la cabeza de mi hermano.
Alejado de mi jardín.
Cercano al déspota.
Desde esta atalaya que vivo.
Desde este préstamo de aire que respiro
como caballo soliviantado,
del cual se alimentan las lagrimas,
veré crecer tu libertad.
Te diré algún día como es el agua clara
de la esperanza dolorosa.
Porque nacerán los dolores y las alegrías
y también nacerán las tristezas.
Y también renacerán esos brazos
que no pueden abrazar tu tierra.
Vives la distancia del dolor.
Aquella que se propaga sobre tu alma.
Vives los lamentos del encerrado libre.
Sientes sus ojos de oscuridad obligada
y la palabra atenazada por el déspota.
¡ay¡
Quisieras ser aire esencial.
Ese repente que entra sin pedirlo.
Vuelo cómplice y suspiro limpio.
Quisiera ser la flor del viento
al lado tuya cubano encerrado.
Cubano, cubano.... que mi sangre se arrodilla
y encuentro puertos de tristeza y melancolía.
Quisiera dejarte esta sangre y estas venas
sobre aquellas que deberían cubrir tu tierra de lagrimas mojada.
Dejarlas al lado de tu dolor y ser de tus palabras
el verso perfecto, esa palabra hundida
en el mercado de los sentimientos.
Que diferencia tan insultante y dolorosa:
tu encerrado por amar la libertad
y mi libertad encerrada por querer verte
y sacudir los soles de la maldita diferencia humana.