CUENTAME UN CUENTO
Érase una vez yo
buscando a alguien a quien dar mi corazón,
cuanto más buscaba
más me perdía en la nada.
Decidí parar de buscar,
pues todas las mujeres me fallaron con crueldad.
En el momento en el que desistí
fue cuando te encontré a ti.
Tú, que eras el tesoro escondido,
tú, que eras lo que creía perdido,
tú, que eras dinero de un mendigo,
tú, que eras lo nunca visto,
tú, que eras mi corazón en vivo,
tú, que eras ese sentimiento perdido,
tú, que hiciste que me abriera como un libro,
tú, que hiciste que abandonase un mundo sombrío.
Floté en un mar de preguntas,
“¿Le gustaré? Tengo mis dudas
Pero no se irá de mi lado sola
y si no se lo digo mi corazón explota”.
Toqué tu hombro nervioso,
y vi el cielo azul en tus ojos,
trague saliva,
ya estaba hecho, ya no había salida.
“Mírame, no tengo nada de especial,
sólo me quería presentar,
te adelanto que ya me hicieron daño,
pero creo que contigo debería intentarlo,
estoy dispuesto a que me rompas el corazón,
estoy dispuesto a que me lo partas en dos,
estoy dispuesto a que me mates con tu “no”,
estoy dispuesto a volver a sufrir por amor,
sé que te parecerá rara mi declaración,
pero también sé que tú lo único que me darás es tu protección.”
Todo eso es lo que pensé al preguntar tu nombre,
y la esperanza de tu “sí” era el soporte
que me mantenía cuerdo
en cada roce con tu cuerpo,
fue un comienzo con fecha de caducidad,
pues nuestra historia se iba a acabar
en cuanto te tuvieras que marchar
y ese momento a cada momento se acercaba más.
Fueron tres días y mil besos,
fueron mil besos y ningún te quiero,
ningún te quiero y ningún te amo,
ningún te amo y cien agarrones de manos,
cien agarrones de manos y un millón de ojos mirando,
un millón de ojos mirando y cuatro cerrados,
cuatro cerrados y dos bocas besando,
dos bocas besando y diez lágrimas bajando,
diez lágrimas bajando y una promesa de volver a vernos,
una promesa de volver a vernos y se cerraron las puertas del encuentro.
Fui a casa con la idea de que no te volvería a ver,
y me dormí con un peso en mi ser,
pues estuve acompañado hasta el anochecer,
y cuando desperté estaba sólo otra vez.
Sólo tenía tu foto en mi mirada,
y no pude evitar hacerte una llamada,
para prometerte que iría a buscarte,
y aquí estamos ahora, siguiendo adelante.
Érase una vez yo
buscando a alguien a quien dar mi corazón,
cuanto más buscaba
más me perdía en la nada.
Decidí parar de buscar,
pues todas las mujeres me fallaron con crueldad.
En el momento en el que desistí
fue cuando te encontré a ti.
Tú, que eras el tesoro escondido,
tú, que eras lo que creía perdido,
tú, que eras dinero de un mendigo,
tú, que eras lo nunca visto,
tú, que eras mi corazón en vivo,
tú, que eras ese sentimiento perdido,
tú, que hiciste que me abriera como un libro,
tú, que hiciste que abandonase un mundo sombrío.
Floté en un mar de preguntas,
“¿Le gustaré? Tengo mis dudas
Pero no se irá de mi lado sola
y si no se lo digo mi corazón explota”.
Toqué tu hombro nervioso,
y vi el cielo azul en tus ojos,
trague saliva,
ya estaba hecho, ya no había salida.
“Mírame, no tengo nada de especial,
sólo me quería presentar,
te adelanto que ya me hicieron daño,
pero creo que contigo debería intentarlo,
estoy dispuesto a que me rompas el corazón,
estoy dispuesto a que me lo partas en dos,
estoy dispuesto a que me mates con tu “no”,
estoy dispuesto a volver a sufrir por amor,
sé que te parecerá rara mi declaración,
pero también sé que tú lo único que me darás es tu protección.”
Todo eso es lo que pensé al preguntar tu nombre,
y la esperanza de tu “sí” era el soporte
que me mantenía cuerdo
en cada roce con tu cuerpo,
fue un comienzo con fecha de caducidad,
pues nuestra historia se iba a acabar
en cuanto te tuvieras que marchar
y ese momento a cada momento se acercaba más.
Fueron tres días y mil besos,
fueron mil besos y ningún te quiero,
ningún te quiero y ningún te amo,
ningún te amo y cien agarrones de manos,
cien agarrones de manos y un millón de ojos mirando,
un millón de ojos mirando y cuatro cerrados,
cuatro cerrados y dos bocas besando,
dos bocas besando y diez lágrimas bajando,
diez lágrimas bajando y una promesa de volver a vernos,
una promesa de volver a vernos y se cerraron las puertas del encuentro.
Fui a casa con la idea de que no te volvería a ver,
y me dormí con un peso en mi ser,
pues estuve acompañado hasta el anochecer,
y cuando desperté estaba sólo otra vez.
Sólo tenía tu foto en mi mirada,
y no pude evitar hacerte una llamada,
para prometerte que iría a buscarte,
y aquí estamos ahora, siguiendo adelante.