Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
Te cuento, Ella lo mira desde lejos,
con ojos que pintan soles en la oscuridad,
y lo ama, lo ama con las manos llenas de palabras
que nunca se atreven a cruzar el abismo.
Él, siempre pregunta,
quiere saber cuántos "te amos" caben en sus noches,
cuántos se amasan en sus sueños,
como si el amor pudiera medirse en palabras,
como si el silencio no fuera también
una forma de amar.
Pero Ella, con su amor de largos silencios,
le responde en cada mirada, en cada suspiro,
le dice que el amor es una cuenta infinita,
que no hay matemáticas que lo expliquen,
que no importa cuánto se diga,
si al final, en cada amanecer,
el corazón sigue latiendo con el mismo ritmo,
ese ritmo que solo ellos entienden.
Y Ella lo ama desde la distancia,
sin importar cuántos "te amos" falten,
porque sabe que el amor verdadero
no se mide, solo se siente,
en cada latido,
en cada respiro,
en cada distancia que se acorta
cuando ambos cierran los ojos
y se encuentran en ese espacio
donde solo ellos existen.
Así, en el eco de sus preguntas,
Ella le susurra en silencio,
que lo ama,
una, dos, mil veces,
sin necesidad de contarlas,
porque el amor,
el amor de verdad,
no se cuenta,
se vive.
con ojos que pintan soles en la oscuridad,
y lo ama, lo ama con las manos llenas de palabras
que nunca se atreven a cruzar el abismo.
Él, siempre pregunta,
quiere saber cuántos "te amos" caben en sus noches,
cuántos se amasan en sus sueños,
como si el amor pudiera medirse en palabras,
como si el silencio no fuera también
una forma de amar.
Pero Ella, con su amor de largos silencios,
le responde en cada mirada, en cada suspiro,
le dice que el amor es una cuenta infinita,
que no hay matemáticas que lo expliquen,
que no importa cuánto se diga,
si al final, en cada amanecer,
el corazón sigue latiendo con el mismo ritmo,
ese ritmo que solo ellos entienden.
Y Ella lo ama desde la distancia,
sin importar cuántos "te amos" falten,
porque sabe que el amor verdadero
no se mide, solo se siente,
en cada latido,
en cada respiro,
en cada distancia que se acorta
cuando ambos cierran los ojos
y se encuentran en ese espacio
donde solo ellos existen.
Así, en el eco de sus preguntas,
Ella le susurra en silencio,
que lo ama,
una, dos, mil veces,
sin necesidad de contarlas,
porque el amor,
el amor de verdad,
no se cuenta,
se vive.
