Nashi Loreley
Poeta recién llegado
Los cuerpos blancos resurgen de noche.
Incandescentes bajo la luz de la luna,
cálidos y aterciopelados
ante el crepitar de una o dos velas.
Llamativos, tentadores,
los cuerpos blancos yacen exquisitos
sobre las sábanas que contrastan,
irradiando un brillo inexplicable
bajo el cielo sin estrellas de una habitación a oscuras.
Delicados, suaves,
se mueven con gracia y elegancia como una seda,
pero firmes al compás del pulso,
corazón bombeante que guía los movimientos
de dos en sintonía.
Los cuerpos blancos atraen en silencio,
discretos y deliciosos a oscuras;
intrépidos y avasallantes,
Incandescentes bajo la luz de la luna,
cálidos y aterciopelados
ante el crepitar de una o dos velas.
Llamativos, tentadores,
los cuerpos blancos yacen exquisitos
sobre las sábanas que contrastan,
irradiando un brillo inexplicable
bajo el cielo sin estrellas de una habitación a oscuras.
Delicados, suaves,
se mueven con gracia y elegancia como una seda,
pero firmes al compás del pulso,
corazón bombeante que guía los movimientos
de dos en sintonía.
Los cuerpos blancos atraen en silencio,
discretos y deliciosos a oscuras;
intrépidos y avasallantes,
si un haz de luz llega dejando a la vista
el lugar exacto
donde un simple roce eriza la superficie.
Inclusive una gota de agua salada
rodando por la espalda exhausta,
luce vivaz y atractiva en el cuerpo blanco,
como signo de cansancio y cariño puro.
Ya por la mañana estarán inertes,
donde un simple roce eriza la superficie.
Inclusive una gota de agua salada
rodando por la espalda exhausta,
luce vivaz y atractiva en el cuerpo blanco,
como signo de cansancio y cariño puro.
Ya por la mañana estarán inertes,
descansando vulnerables
entre las sábanas que contrastan,
esperando el momento para volver a hacer
y ser magia entre dos.
esperando el momento para volver a hacer
y ser magia entre dos.