El humo del tabaco, repleto de esqueletos nimios;
poros de tinta, vientos de cáñamo y caballos…
lo que filtran del barrio.
Lo que anhela la plaza,
cuando perfumamos,
con nuestros recuerdos, los rocíos.
Lo que evocan del cristo, los árboles ornamentales.
Yo propongo, un tatuaje del sol, en la frente de los sembradores.
Cuando se retiran las olas, tras arder en vuelo…
cuando buscamos, por ambientes furtivos, en el interior del ojo…
nos trae el reloj, cordilleras;
en el pecho, el pueblo;
la voz del radio del monociclo,
y un estruendo de geranios,
mientras los patios juegan con las buhardillas.
Aquellos que esparcieron, sus cúpulas psicodélicas, por los mantos del atardecer.
poros de tinta, vientos de cáñamo y caballos…
lo que filtran del barrio.
Lo que anhela la plaza,
cuando perfumamos,
con nuestros recuerdos, los rocíos.
Lo que evocan del cristo, los árboles ornamentales.
Yo propongo, un tatuaje del sol, en la frente de los sembradores.
Cuando se retiran las olas, tras arder en vuelo…
cuando buscamos, por ambientes furtivos, en el interior del ojo…
nos trae el reloj, cordilleras;
en el pecho, el pueblo;
la voz del radio del monociclo,
y un estruendo de geranios,
mientras los patios juegan con las buhardillas.
Aquellos que esparcieron, sus cúpulas psicodélicas, por los mantos del atardecer.