Sierva de Maria
Poeta recién llegado
Empujé la alta puerta de madera,
gimieron sus goznes,
el recinto era de una oscuridad compacta,
una catacumba...
... la catacumba de la Encarnación...
Palpé el áspero revoque de sus paredes,
encendí una vela,
había mesas desvencijadas,
escritorios deslustrados,
anaqueles hundidos
por irregulares pilas de hojas amarillentas,
máquinas de escribir,
libros...
... una catacumba donde se trabajaba
por el Reino de los Cielos...
El silencio era denso y pesado,
como en el fondo de los mares,
se palpitaba el mensaje
de los andrajosos apóstoles...
Dicen que soy un succubus,
un instrumento de Satán,
un brazo del Anticristo
socavando febrilmente
en busca de un amor...
De repente, sobre la pira del sacrificio,
pude gozar esa inefable percepción
que electrizaba mis sentidos...
... sentí que me tocaban desde arriba,
abrí más aún mis ojos y la reconocí...
Era una visión deslumbrante,
mis pupilas bailaban, ebrias de gozo,
dentro de sus órbitas
contemplando el celeste resol que la envolvía...
Parecía una esbelta torre de marfil,
los brillantes de su falda
eran como las estrellas del cielo,
las perlas y esmeraldas,
que en espesos collares rodeaban su cuello
parecían la espuma del mar
abrazando una isla de plata...
Se inclinó con esfuerzo,
pues no le daba holgura su aplastante ropaje,
tendió su mano derecha, mientras
con la otra mano sostenía su refulgente corona...
Extendí temblorosamente mis dedos,
una sonrisa nerviosa surgió en mi boca,
la atraje hasta mí
y la besé con fruición...
En ese instante María sucumbió ante mí...
Levanté mi vista, separamos nuestros labios
y sus lágrimas de sangre recorrieron mis mejillas...
¿Cuál es el reino adonde iremos ahora las dos?
Liv K.
gimieron sus goznes,
el recinto era de una oscuridad compacta,
una catacumba...
... la catacumba de la Encarnación...
Palpé el áspero revoque de sus paredes,
encendí una vela,
había mesas desvencijadas,
escritorios deslustrados,
anaqueles hundidos
por irregulares pilas de hojas amarillentas,
máquinas de escribir,
libros...
... una catacumba donde se trabajaba
por el Reino de los Cielos...
El silencio era denso y pesado,
como en el fondo de los mares,
se palpitaba el mensaje
de los andrajosos apóstoles...
Dicen que soy un succubus,
un instrumento de Satán,
un brazo del Anticristo
socavando febrilmente
en busca de un amor...
De repente, sobre la pira del sacrificio,
pude gozar esa inefable percepción
que electrizaba mis sentidos...
... sentí que me tocaban desde arriba,
abrí más aún mis ojos y la reconocí...
Era una visión deslumbrante,
mis pupilas bailaban, ebrias de gozo,
dentro de sus órbitas
contemplando el celeste resol que la envolvía...
Parecía una esbelta torre de marfil,
los brillantes de su falda
eran como las estrellas del cielo,
las perlas y esmeraldas,
que en espesos collares rodeaban su cuello
parecían la espuma del mar
abrazando una isla de plata...
Se inclinó con esfuerzo,
pues no le daba holgura su aplastante ropaje,
tendió su mano derecha, mientras
con la otra mano sostenía su refulgente corona...
Extendí temblorosamente mis dedos,
una sonrisa nerviosa surgió en mi boca,
la atraje hasta mí
y la besé con fruición...
En ese instante María sucumbió ante mí...
Levanté mi vista, separamos nuestros labios
y sus lágrimas de sangre recorrieron mis mejillas...
¿Cuál es el reino adonde iremos ahora las dos?
Liv K.