Descubre dos fuegos separados, distanciados, siempre bailando, con el compas infinito, consumiéndose con cada paso, alterando la presencia física, del lugar, de la exposición, del espectáculo. Por estar condenados, a un final lento, por no alimentar el corazón, que palpita el fuego, de la vida consumida, por que el tiempo es infiel, injustamente golpeada y ahogada, por el ruido de un ser derruido, sumándose a la escena, acompañando el compas, siguiendo los pasos perfectos, ayudando a seguir con el baile, congelando el escenario, dejando el cuerpo paralizado en un paso, separados, llena de oscuridad el lugar, derramando la sangre podrida sobre los labios desgarrados, que tanto han esperado el final apasionado. Se cierra el telón. Aplausos, gritos de ovación y montones de muestras de agradecimientos se escuchan sobre las gradas. Maravillados por la función, se retiran en silencio. Luego de unos minutos se siente la soledad del escenario y una nueva función comienza. Se escucha la música, los pasos de los actores y el canto de un nuevo acto. Una obra musical aparece en el escenario con toda la vida, de colores atractivos, escenas graciosas, y un final especial. Su acto es tan corto como su aparición, llena de vida las gradas vacías. Un nuevo día y el teatro se vuelve a llenar con un estreno muy esperado, entrando con ansias, se acomodan y esperan. Se abre el telón y un nuevo universo aparece con toda su magnitud.
(Catania Sebastian)
(Catania Sebastian)