DIEGO
Poeta adicto al portal
Las gotitas caían de tus manos (artesanas).
Resbalaban fatuas y encendían sonrisas caramelo
que pergeñaban sórdidas caricias acendradas
trepando desde el alma hasta mi cuello
Arenas de los tiempos de las nieves.
Cansinos recorridos repetidos sobre el hombro
desprovisto de sedas y vergüenzas,
ávido de ternuras indecentes.
Pasaban como un sol las caracolas
retumbando los mares en su centro
dejando la canción entre las olas,
y la espuma en medio de mi pecho.
Melancolía marina del estío.
Retrotrae mi miedo hasta tus piernas
saladas, largas y dispuestas siempre
a caminar pendientes de mis huellas.
Es cierto, ya no estás.
Pero esta tarde en que pinta el recuerdo azul marino,
las nubes son obras de tus manos
y la escollera el cimiento de tus bríos.
Amantes, sí.
Fuimos acostumbrando la gimnasia
a la pasión que hoy prospera en otros cuerpos
y derrama gota a gota la experiencia
a otras bocas que concluyen su alimento.
Resbalaban fatuas y encendían sonrisas caramelo
que pergeñaban sórdidas caricias acendradas
trepando desde el alma hasta mi cuello
Arenas de los tiempos de las nieves.
Cansinos recorridos repetidos sobre el hombro
desprovisto de sedas y vergüenzas,
ávido de ternuras indecentes.
Pasaban como un sol las caracolas
retumbando los mares en su centro
dejando la canción entre las olas,
y la espuma en medio de mi pecho.
Melancolía marina del estío.
Retrotrae mi miedo hasta tus piernas
saladas, largas y dispuestas siempre
a caminar pendientes de mis huellas.
Es cierto, ya no estás.
Pero esta tarde en que pinta el recuerdo azul marino,
las nubes son obras de tus manos
y la escollera el cimiento de tus bríos.
Amantes, sí.
Fuimos acostumbrando la gimnasia
a la pasión que hoy prospera en otros cuerpos
y derrama gota a gota la experiencia
a otras bocas que concluyen su alimento.
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