BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Las pupilas arrasan en verde
llamaradas salvajes que atentan
ruines en su fabulación maquinal
donde esbeltos trigos contemplan
lunas suaves de tribu y desacato.
Su huella palpitante estremece el ídolo
subyace bajo pinos el esquelético sucedáneo
su tensión abrupta conquistando terrenos.
Se aprecia una sucesión de inclementes temporales
mis ojos abren su baúl de forma consecuente
estiran la patria hasta ordeñar su ubre matutina
donde se encuentran mi vasta holgazanería y su ruindad
exigente. Soy un placebo.
Miro los leños arder desde depósitos urgentes
la impositiva mirada de los astros no me conmueve
veo tantas lenguas desempolvarse que hambriento,
toco el suelo y regaño.
Los iris desde siempre son estalactitas
hermosas distancias del yeso coagulado
en tatuajes la vida pierde peso, ambiciono
la luna suave de los mitos ocasionales.
Déjame irme con los vértigos del guerrero
con la nefasta proclamación de los reposos,
cuántas mentiras se habrán contado, desde lugares
remotos, cementerios de ideas.
Soy una forma auxiliar de las formas
como la navaja que pende de un hilo arácnido
desgarrando su súbito proceder de desagüe metálico
donde la razón ha perdido su valor de cosecha.
Porque quién ambientará sus sonidos luctuosos
ese barro del que consume sus aceites impermeables
y se le cuela un ruido como de furia ininteligible?
Oh sí deja de mirarte el ombligo, orondo y sinuoso,
rápido en la lejanía de lo formado, donde gritan
los hijos de la vecina, y se escucha como el soslayo
de lo enemistado por siempre.
©
llamaradas salvajes que atentan
ruines en su fabulación maquinal
donde esbeltos trigos contemplan
lunas suaves de tribu y desacato.
Su huella palpitante estremece el ídolo
subyace bajo pinos el esquelético sucedáneo
su tensión abrupta conquistando terrenos.
Se aprecia una sucesión de inclementes temporales
mis ojos abren su baúl de forma consecuente
estiran la patria hasta ordeñar su ubre matutina
donde se encuentran mi vasta holgazanería y su ruindad
exigente. Soy un placebo.
Miro los leños arder desde depósitos urgentes
la impositiva mirada de los astros no me conmueve
veo tantas lenguas desempolvarse que hambriento,
toco el suelo y regaño.
Los iris desde siempre son estalactitas
hermosas distancias del yeso coagulado
en tatuajes la vida pierde peso, ambiciono
la luna suave de los mitos ocasionales.
Déjame irme con los vértigos del guerrero
con la nefasta proclamación de los reposos,
cuántas mentiras se habrán contado, desde lugares
remotos, cementerios de ideas.
Soy una forma auxiliar de las formas
como la navaja que pende de un hilo arácnido
desgarrando su súbito proceder de desagüe metálico
donde la razón ha perdido su valor de cosecha.
Porque quién ambientará sus sonidos luctuosos
ese barro del que consume sus aceites impermeables
y se le cuela un ruido como de furia ininteligible?
Oh sí deja de mirarte el ombligo, orondo y sinuoso,
rápido en la lejanía de lo formado, donde gritan
los hijos de la vecina, y se escucha como el soslayo
de lo enemistado por siempre.
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