¡Hola Elenita!
Efectivamente, es la falta de comodidad, la falta de memoria de quien, en muchos casos, dio su vida por ellos.
Por una parte critico esa especie de pérdida de valor del "viejo" en esta sociedad; más que el detalle de la residencia, que no tengo nada contra ellas, es la pérdida de memoria y reconocimiento de quien fue niño hacia sus padres, hacia los mayores. Y con ésto simplemente me refiero a escucharles, a mitigar, aunque solo sea un poco, aunque solo sea por un momento, esa soledad y esas ganas de compartir que tienen. En muchos casos la vejez es más de corteza que de cabeza.
Vamos, que en mi opinión nada de malo tienen las residencias; además, como bien dices, no todo el mundo puede poner a vivir a sus padres en su casa y tampoco tienen por qué querer. Yo, si pudiera, no la metería en casa, sin que eso signifique que no me vaya a preocupar de ella, y disfrutar de su existencia. El problema viene en "a qué es bonita la residencia", que me sabe a abandono. Apetece responder: —que no soy gilipollas hijo mío.
Es ley de vida que el viejo muera y el hijo vuele; eso es así. Pero me duele ver como se les aparta como agua sucia porque estorban, y que uno no se acuerde de cuando les llevaba al colegio y les contaba historias de egipcios...
El relato es tan solo un homenaje a los viejos, a los ancianos que se sienten solos e incomprendidos. Por supuesto cada familia es una amalgama de su propia historia, y para nada pretendía que el relato pareciera dogmático y una oda contra las residencias.
Un abrazote compañera.