De Córdoba a Granada hay un camino
aplazado de azules medianías,
una frontera de la vida con la muerte.
Se amontonan los blancos caseríos,
las atalayas verdes,
y los mares
que se han extraviado de su costa
para acercarse al viento en un olivo.
Lento camino, como la belleza
o la melancolía,
la hermosura andaluza hecha mirada,
el regazo del río que es mi hogar.
Se equivocó el sepulcro de momento,
de tierra incluso, y se mojó de mar,
y la bandera que se izaba al viento
dejó de contemplarse en su abundancia
empapada de sal y de ponientes.
Es el itinerario de tu vida,
es el itinerario de tu muerte,
y aún resuenan huellas en el aire
con el que has respirado
y has besado
hasta el fuego final en la ceniza,
punto y seguido de tu aliento nuevo.
aplazado de azules medianías,
una frontera de la vida con la muerte.
Se amontonan los blancos caseríos,
las atalayas verdes,
y los mares
que se han extraviado de su costa
para acercarse al viento en un olivo.
Lento camino, como la belleza
o la melancolía,
la hermosura andaluza hecha mirada,
el regazo del río que es mi hogar.
Se equivocó el sepulcro de momento,
de tierra incluso, y se mojó de mar,
y la bandera que se izaba al viento
dejó de contemplarse en su abundancia
empapada de sal y de ponientes.
Es el itinerario de tu vida,
es el itinerario de tu muerte,
y aún resuenan huellas en el aire
con el que has respirado
y has besado
hasta el fuego final en la ceniza,
punto y seguido de tu aliento nuevo.