BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Me gustaría hacer un poema
un excéntrico poema sobre la belleza
habitable sobre el consumo diario
de alfalfa y afluentes, afluentes de ruido
y deltas, deltas de dientes, con alas átonas,
y marítimas honras carceleras, donde
se asiente, este breve poema.
Miro en derredor, sus funciones
constantes habito como un putrefacto;
en la habitación gesta la semilla incrédula
la habitación amigable de estar solo y saberse
nada o nadie. Sus increíbles podredumbres
ansiolíticas, pistolas al cielo, en número improbable:
húmeros, aguarrás inaguantable, sosa cáustica.
Las voces sin ecos de tantas cosas imposibles.
En mi cara se apelmazan las paredes
cal antigua de aguarrás antiguo. Oh,
mesiánica belleza de un misterio
tan antiguo como antiguo el valle.
En mi cara de cárcel o presidio,
en mi sola cara
de ángel despreciado.
Tu estigma preposicional, amigo mío,
es colmar de dicha mis ámbitos huesudos.
Donde no quiebra la razón los edificios antiguos,
ni la materia dispuesta sobre cárceles o preocupaciones.
Hasta aquí el resplandor.
Ah, pero siempre el mismo martirio,
despertar, despertemos, de este insigne
matrimonio de agua y mar, de belleza sureña
y parque acuático
que monta sus alas sobre las brazas redondas
y muertas del aire.
Cómo me gustaría escribir otro poema,
en qué belleza trataría de esquilmar sus labios
diezmándolos de puro gozo.
Percutiendo palabras redondas
como bálsamos antiguos, bronquios.
Como brebajes indefensos de su historia
anónima, fugaz. Y en esos intestinos,
derrotad la ambrosía que cumplimentan
los funcionarios del trámite. Oh
mayoría de edad, para qué os quiero;
si todo lo que sobra gana, y todo
lo que basta me doblega. ©
un excéntrico poema sobre la belleza
habitable sobre el consumo diario
de alfalfa y afluentes, afluentes de ruido
y deltas, deltas de dientes, con alas átonas,
y marítimas honras carceleras, donde
se asiente, este breve poema.
Miro en derredor, sus funciones
constantes habito como un putrefacto;
en la habitación gesta la semilla incrédula
la habitación amigable de estar solo y saberse
nada o nadie. Sus increíbles podredumbres
ansiolíticas, pistolas al cielo, en número improbable:
húmeros, aguarrás inaguantable, sosa cáustica.
Las voces sin ecos de tantas cosas imposibles.
En mi cara se apelmazan las paredes
cal antigua de aguarrás antiguo. Oh,
mesiánica belleza de un misterio
tan antiguo como antiguo el valle.
En mi cara de cárcel o presidio,
en mi sola cara
de ángel despreciado.
Tu estigma preposicional, amigo mío,
es colmar de dicha mis ámbitos huesudos.
Donde no quiebra la razón los edificios antiguos,
ni la materia dispuesta sobre cárceles o preocupaciones.
Hasta aquí el resplandor.
Ah, pero siempre el mismo martirio,
despertar, despertemos, de este insigne
matrimonio de agua y mar, de belleza sureña
y parque acuático
que monta sus alas sobre las brazas redondas
y muertas del aire.
Cómo me gustaría escribir otro poema,
en qué belleza trataría de esquilmar sus labios
diezmándolos de puro gozo.
Percutiendo palabras redondas
como bálsamos antiguos, bronquios.
Como brebajes indefensos de su historia
anónima, fugaz. Y en esos intestinos,
derrotad la ambrosía que cumplimentan
los funcionarios del trámite. Oh
mayoría de edad, para qué os quiero;
si todo lo que sobra gana, y todo
lo que basta me doblega. ©