***QueeN Ginevra***
Poeta adicto al portal
De la bruja.
Durante los siglos he vagado por doquier,
me enfrenté a Gabriel y mucho más a Lucifer;
con un dije y una escoba me aprendí a defender,
vi la noche y la ventisca y conocí todo placer.
A través de los siglos he viajado ente de bosques,
errante más nunca perdida entre los breves instantes;
irremediablemente despierta y de poderes imparables,
con nombres distintos dados por leyendas interrogantes.
Vi a Jesús morir en la cruz, no niego que fue un acto cruel,
pobre Jesús condenado a morir por tan vil humanidad:
cazan al bueno por malo, no saben distinguir la verdad,
y yo malévola he logrado escapar de su siervo fiel.
Cada noche surco los cielos cual fugaz estrella
y por las mañanas me veo entre la sombra bella;
han pasado los años y yo sigo aquí sin dejar huella,
oculto mi magia y finjo a una blanca doncella.
Negros mis ojos observan cada noche de terror,
entre los cuentos de niños y de adultos soy el pavor.
Siempre huí de las armas de aquella inquisición,
y libré la muerte al último momento con precaución.
Nadie me ha hecho caer en amor ni pasión
mi corazón ha vagado siglo tras siglo huyendo del calor.
Y si la inquisición no acabó con mi oscura tempestad
que te hace pensar que tu me puedes hacer amar.
Si en su cacería yo me escapé siempre triunfante,
y si yo soy quien por cada tristeza gana una alegría;
qué es lo que te hace pensar con tal altanería
que tú puedes penetrar mi corazón de granate.
Comprende ahora hombre tierno y dulce amante,
yo soy el mal, soy el demonio hecho mujer caminante;
comprende que no es soledad, es simple precaución
este punto de mantener la distancia entre tú y yo.
No caeré en las garras de tus poesías de libertad,
ni en tus miradas de deseos puros y virginales;
tú eres bueno y eres incapaz de creer los males
y yo soy lo que soy, una bruja de oscura maldad.
Durante los siglos he vagado por doquier,
me enfrenté a Gabriel y mucho más a Lucifer;
con un dije y una escoba me aprendí a defender,
vi la noche y la ventisca y conocí todo placer.
A través de los siglos he viajado ente de bosques,
errante más nunca perdida entre los breves instantes;
irremediablemente despierta y de poderes imparables,
con nombres distintos dados por leyendas interrogantes.
Vi a Jesús morir en la cruz, no niego que fue un acto cruel,
pobre Jesús condenado a morir por tan vil humanidad:
cazan al bueno por malo, no saben distinguir la verdad,
y yo malévola he logrado escapar de su siervo fiel.
Cada noche surco los cielos cual fugaz estrella
y por las mañanas me veo entre la sombra bella;
han pasado los años y yo sigo aquí sin dejar huella,
oculto mi magia y finjo a una blanca doncella.
Negros mis ojos observan cada noche de terror,
entre los cuentos de niños y de adultos soy el pavor.
Siempre huí de las armas de aquella inquisición,
y libré la muerte al último momento con precaución.
Nadie me ha hecho caer en amor ni pasión
mi corazón ha vagado siglo tras siglo huyendo del calor.
Y si la inquisición no acabó con mi oscura tempestad
que te hace pensar que tu me puedes hacer amar.
Si en su cacería yo me escapé siempre triunfante,
y si yo soy quien por cada tristeza gana una alegría;
qué es lo que te hace pensar con tal altanería
que tú puedes penetrar mi corazón de granate.
Comprende ahora hombre tierno y dulce amante,
yo soy el mal, soy el demonio hecho mujer caminante;
comprende que no es soledad, es simple precaución
este punto de mantener la distancia entre tú y yo.
No caeré en las garras de tus poesías de libertad,
ni en tus miradas de deseos puros y virginales;
tú eres bueno y eres incapaz de creer los males
y yo soy lo que soy, una bruja de oscura maldad.