Prueba hombre toma lo que mi madre me ha dado,
bebe de mi copa de carne hasta acabar la última gota de sensualidad, por que para hacer llegamos aquí y por crear mis ojos catorce gotas están llorando.
Una advertencia se abraza a mi suplicio, no reclames la sangre que en tierna cueva tres pasados ayeres conociste, mejor envenena el bermejo que corre de mi tierra conquistada, de la casa de mi padre formado como un sol celoso de tu fuerza, que amanece penando y coreando
Muero, plagiando a la luna la luz que en sus manos suenan,
suenan a palmadas los dulces ruidos en cual voz estallan,
que estallan al salpicar el aire con ondas cálidas,
que cálidas son sus palabras extremando ante sus labios el aliento de atracción de piel negra, y cual una sobre otra hacen vida
indeseable para él, por la que muero cantando en este treceavo día.
Soy ella, y tú eres el que del azul lejos se aprovechó, ordenando al candado y cadena violar mi soberbia sangre.
Antes de ti solo oía callar al sol, quien maduraba la idea inexorable de que algún minuto yo me iba a enamorar, del que Dios hiciera absolver la imperfección de pesados sentimientos y afanosa proximidad de pecadora sangre
hoy el coro se escucha y se siente así:
Muero, copiando a la luna la luz que en sus manos suenan,
suenan a palmadas los dulces ruidos que de su voz estallan,
que estallan al salpicar el aire con ondas cálidas,
que cálidas son sus palabras extremando ante sus labios el aliento de atracción de piel negra, y cual una sobre otra hacen vida indeseable para él,
por la que muero cantando en este treceavo día.
Por que ante el dolor no se puede velar esta sangre en la almohada de una cama.
bebe de mi copa de carne hasta acabar la última gota de sensualidad, por que para hacer llegamos aquí y por crear mis ojos catorce gotas están llorando.
Una advertencia se abraza a mi suplicio, no reclames la sangre que en tierna cueva tres pasados ayeres conociste, mejor envenena el bermejo que corre de mi tierra conquistada, de la casa de mi padre formado como un sol celoso de tu fuerza, que amanece penando y coreando
Muero, plagiando a la luna la luz que en sus manos suenan,
suenan a palmadas los dulces ruidos en cual voz estallan,
que estallan al salpicar el aire con ondas cálidas,
que cálidas son sus palabras extremando ante sus labios el aliento de atracción de piel negra, y cual una sobre otra hacen vida
indeseable para él, por la que muero cantando en este treceavo día.
Soy ella, y tú eres el que del azul lejos se aprovechó, ordenando al candado y cadena violar mi soberbia sangre.
Antes de ti solo oía callar al sol, quien maduraba la idea inexorable de que algún minuto yo me iba a enamorar, del que Dios hiciera absolver la imperfección de pesados sentimientos y afanosa proximidad de pecadora sangre
hoy el coro se escucha y se siente así:
Muero, copiando a la luna la luz que en sus manos suenan,
suenan a palmadas los dulces ruidos que de su voz estallan,
que estallan al salpicar el aire con ondas cálidas,
que cálidas son sus palabras extremando ante sus labios el aliento de atracción de piel negra, y cual una sobre otra hacen vida indeseable para él,
por la que muero cantando en este treceavo día.
Por que ante el dolor no se puede velar esta sangre en la almohada de una cama.