Roman Vieira
El cuervo rojo que te observa en silencio.
De las aves y sus mudanzas.
Hoy marcamos la pauta de un final,
mientras se cierra una puerta y se abre otra,
todo cambia y es hora de seguir adelante,
quizás es hora ya de continuar.
Los pasos se alejan despacio entre sombras,
dubitativos y semi-silenciosos
como las mañanas que tardan en llegar
entre el trinar desesperado de las aves
que acompasadas en su canto le esperan,
hasta que se ha hecho demasiado tarde y deben volar.
Tú eres como esas mañanas y yo como las aves,
no hay más sino esperarte llegar y comenzar a vivir,
emprender el vuelo en un batir de alas intenso
y extenderme por sobre las nubes de tu amor
que se esfuma así, despacio y sin palabras
en esa forma tuya casi muda de dejarnos anochecer.
Quizás mañana ya no retornaré al nido de tus manos
ni buscaré mi alimento en el latido de tu pecho,
quizás mañana me habré mudado lejos a algún valle
donde no remontará más tu sol mi cielo,
y entonces entonces habré seguido, continuado
muerto.
-De las aves y sus mudanzas-
Hoy marcamos la pauta de un final,
mientras se cierra una puerta y se abre otra,
todo cambia y es hora de seguir adelante,
quizás es hora ya de continuar.
Los pasos se alejan despacio entre sombras,
dubitativos y semi-silenciosos
como las mañanas que tardan en llegar
entre el trinar desesperado de las aves
que acompasadas en su canto le esperan,
hasta que se ha hecho demasiado tarde y deben volar.
Tú eres como esas mañanas y yo como las aves,
no hay más sino esperarte llegar y comenzar a vivir,
emprender el vuelo en un batir de alas intenso
y extenderme por sobre las nubes de tu amor
que se esfuma así, despacio y sin palabras
en esa forma tuya casi muda de dejarnos anochecer.
Quizás mañana ya no retornaré al nido de tus manos
ni buscaré mi alimento en el latido de tu pecho,
quizás mañana me habré mudado lejos a algún valle
donde no remontará más tu sol mi cielo,
y entonces entonces habré seguido, continuado
muerto.
-De las aves y sus mudanzas-