No lloréis por mi memoria,
Por mi cuerpo
Rígido y frío,
Cuando desfile
En mi ataúd
Ante vuestros rostros serios
Llenos de alabanzas
Al muerto,
Cuando ya no lo capte
La vanidad de los huesos.
No desgranéis
Mis momentos de historia,
Pues sin duda en ellos
No estará la verdad
Que sólo yo pude valorar
Y que ahora,
Sepultada
En un sueño final,
Yacerá.
No me adornéis
De virtudes
Que nunca merecí,
Pues mi corazón impío,
No se lo ganó
Y únicamente,
La incertidumbre,
La zozobra, lo cubrió,
Y el miedo a los fracasos,
Abrazando la desconfianza,
Lo condenó.
Puede que el dolor
No fuese tan amargo,
Si las palabras
Que al viento se declaman,
En su momento
Hubiesen llegado
A donde se las esperaba.
Pero ese hueco
Quedó desierto,
Sin destinatario
Al que envolver con abrazos,
Sin melodías de consuelo
Que hubieran hecho
Cambiar el paso
Al que enfiló
Del precipicio el sendero.
Deja que el silencio
Lo englobe todo,
Pues lo que no se entregó
Cuando el alma
En su jaula se encerraba,
Ahora es inútil lamentar,
De humedecer la lápida,
Ya que el mármol
Nunca tuvo
Como cualidad
El entendimiento,
Ni nunca gozó
Del sentido del oído,
Ni la elocuencia
De la voz.
Por mi cuerpo
Rígido y frío,
Cuando desfile
En mi ataúd
Ante vuestros rostros serios
Llenos de alabanzas
Al muerto,
Cuando ya no lo capte
La vanidad de los huesos.
No desgranéis
Mis momentos de historia,
Pues sin duda en ellos
No estará la verdad
Que sólo yo pude valorar
Y que ahora,
Sepultada
En un sueño final,
Yacerá.
No me adornéis
De virtudes
Que nunca merecí,
Pues mi corazón impío,
No se lo ganó
Y únicamente,
La incertidumbre,
La zozobra, lo cubrió,
Y el miedo a los fracasos,
Abrazando la desconfianza,
Lo condenó.
Puede que el dolor
No fuese tan amargo,
Si las palabras
Que al viento se declaman,
En su momento
Hubiesen llegado
A donde se las esperaba.
Pero ese hueco
Quedó desierto,
Sin destinatario
Al que envolver con abrazos,
Sin melodías de consuelo
Que hubieran hecho
Cambiar el paso
Al que enfiló
Del precipicio el sendero.
Deja que el silencio
Lo englobe todo,
Pues lo que no se entregó
Cuando el alma
En su jaula se encerraba,
Ahora es inútil lamentar,
De humedecer la lápida,
Ya que el mármol
Nunca tuvo
Como cualidad
El entendimiento,
Ni nunca gozó
Del sentido del oído,
Ni la elocuencia
De la voz.