yomboki
Poeta que considera el portal su segunda casa
De mayo dieciséis hasta la fecha
cribando la infertil cosecha de tus uvas;
tu cuerpo de camilla en que me sanabas las heridas,
es una huella de luz en un papel
que sin ti, adolece de lujuria.
De mayo dieciséis hasta la fecha
tus lagrimas como espejos
-gotean una y otra vez
como esferas de recuerdo-
tal vez, acabaran tomando como opción el suicidio,
aburridas,
desgastadas.
Y yo tomare la salida de otro cuerpo ,
abriré en los arcos de otra epidermis
los laberintos por donde alguna vez
escalara tus laderas,
hasta la cima de tu pezón funesto,
donde el cuervo de tu pelo
picoteaba mis mejillas.
Desde los calendarios olvidados
y hasta hoy
ha hecho cauce el sudor que olvidabas en mi cama,
producto de mi furia
y tu lascivia.
Tendríamos entonces que morirnos hoy,
quizás seria un buen pretexto
que no es aniversario
y las cuitas duelen más cuando vienen solas
y son fortuitas;
podría recargarme en tu vacío
y dejar que el sopor de tu abandono
me invada hasta dormirme
y renacer justo al lado de tu piel,
o dentro
de tus ganas.
Entonces seria tuyo
como nunca fuiste miá
y me ingerirías en el aire,
en la somnolencia de tu espalda,
usarías de mi como un vestido
y besaría tus labios con el café de la mañana.
Tu, elegirías tu muerte acostumbrada
y al reencarnar en mis poemas,
lo harías como mi angustia favorita,
la perversión que más insisto,
los sueños de mi insomnio
y te derramarías en mi como semen
que fertiliza los viejos almanaques
de mayo dieciséis hasta la fecha.
cribando la infertil cosecha de tus uvas;
tu cuerpo de camilla en que me sanabas las heridas,
es una huella de luz en un papel
que sin ti, adolece de lujuria.
De mayo dieciséis hasta la fecha
tus lagrimas como espejos
-gotean una y otra vez
como esferas de recuerdo-
tal vez, acabaran tomando como opción el suicidio,
aburridas,
desgastadas.
Y yo tomare la salida de otro cuerpo ,
abriré en los arcos de otra epidermis
los laberintos por donde alguna vez
escalara tus laderas,
hasta la cima de tu pezón funesto,
donde el cuervo de tu pelo
picoteaba mis mejillas.
Desde los calendarios olvidados
y hasta hoy
ha hecho cauce el sudor que olvidabas en mi cama,
producto de mi furia
y tu lascivia.
Tendríamos entonces que morirnos hoy,
quizás seria un buen pretexto
que no es aniversario
y las cuitas duelen más cuando vienen solas
y son fortuitas;
podría recargarme en tu vacío
y dejar que el sopor de tu abandono
me invada hasta dormirme
y renacer justo al lado de tu piel,
o dentro
de tus ganas.
Entonces seria tuyo
como nunca fuiste miá
y me ingerirías en el aire,
en la somnolencia de tu espalda,
usarías de mi como un vestido
y besaría tus labios con el café de la mañana.
Tu, elegirías tu muerte acostumbrada
y al reencarnar en mis poemas,
lo harías como mi angustia favorita,
la perversión que más insisto,
los sueños de mi insomnio
y te derramarías en mi como semen
que fertiliza los viejos almanaques
de mayo dieciséis hasta la fecha.
Última edición: