BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Hay aquí, cómo no, un sustituto del hambre;
un cancionero destrozado, tirado en mitad de la calle.
Hay un intérprete ciego, girasol con su disco rallado.
Gente que duerme en las afueras,
con sombreros anchos de papel, duendes con cables, peleados
con las sombras del atardecer.
Una visita del viento, que hace esqueletos en los hogares,
unas nubes, un palacio en invierno, unas hojas tiradas
sobre montones de lluvia, una rosa tatuada, y unos esquejes
de flores pintados en la espalda.
Una tripa de cerdo empapada, un papel de pintura
embalado, un tetrabrick de centeno, unos granos de café,
un cartón sin tregua adoquinando
las casas, unas moscas sin consuelo, acosando un busto
de Jericó.
Unas largas trompetas de zafiros, unas suelas de algodón,
unas truchas de río, unas cuentas que no salen del aparador.
Y las faldas plisadas, estancadas en sus volantes, y las extensas
pistas de baloncesto, y las cenizas que rebosan el corazón, golondrinas
buscando nido.
Los autobuses que pasan frenéticos, y las miradas que casi se rozan,
y los argumentos que se visten de negro, las córneas que se empapan,
de gasolina, lágrimas, y virutas de papel.
©
un cancionero destrozado, tirado en mitad de la calle.
Hay un intérprete ciego, girasol con su disco rallado.
Gente que duerme en las afueras,
con sombreros anchos de papel, duendes con cables, peleados
con las sombras del atardecer.
Una visita del viento, que hace esqueletos en los hogares,
unas nubes, un palacio en invierno, unas hojas tiradas
sobre montones de lluvia, una rosa tatuada, y unos esquejes
de flores pintados en la espalda.
Una tripa de cerdo empapada, un papel de pintura
embalado, un tetrabrick de centeno, unos granos de café,
un cartón sin tregua adoquinando
las casas, unas moscas sin consuelo, acosando un busto
de Jericó.
Unas largas trompetas de zafiros, unas suelas de algodón,
unas truchas de río, unas cuentas que no salen del aparador.
Y las faldas plisadas, estancadas en sus volantes, y las extensas
pistas de baloncesto, y las cenizas que rebosan el corazón, golondrinas
buscando nido.
Los autobuses que pasan frenéticos, y las miradas que casi se rozan,
y los argumentos que se visten de negro, las córneas que se empapan,
de gasolina, lágrimas, y virutas de papel.
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