amor,
eres la parte más clara de mi vida,
donde la luz experimenta
sosiego, paz y amor. Y, a tientas
o a propuesta, ni que lo digas,
por ver tus ojos verdes de mar
tuve que cruzar ríos y colinas,
y la cimas más altas saltar,
y sabiendo muy a mi pesar
la que señala mi propia conciencia,
que me crió con moral y ciencia.
Atesoro como los serafines, la travesía,
cuando sembraron con sus manos,
rosas y crisantemos con amor
sin cansancio, ni dolor,
sólo para regocijarme en tus senos
y en tu vientre y en tus muslos.
Adiós vida mía. Adiós me dije,
y acercándome a tus oídos, exánime,
mascullé sin convicción : para siempre.
Y me obligué como a perderte se siente.
Y percibí tu singular fragancia,
para recordar que viví en tu estancia,
fuente de dulzura y pasión
que en largos días me abrigaste,
que a tientas me enseñaste
la locura y la sensación,
de paraíso por descubrir
o a infierno por huir.
Obligado estoy acaso,
a oscuras entender mi fracaso.
Y es que estoy en un lazo,
oprimido en este mal paso.
Medito en mi ciencia y mi conciencia,
en mi soledad con paciencia,
la autoría de mi decisión,
para ver alguna intromisión.
Creo ser franco, sincero, leal y veraz.
Y sencillamente, respuesta,
ni delicado, ni mordaz,
no hallo ni siquiera de muestra.
Quebrado soy de carne y hueso
como perro, de regreso.
Porque forjaste un seguro,
en mi alma y en el tuyo, tan duro.....
para recordar que tan sólo merezco,
vivir para ti......... y a tí, pertenezco.
eres la parte más clara de mi vida,
donde la luz experimenta
sosiego, paz y amor. Y, a tientas
o a propuesta, ni que lo digas,
por ver tus ojos verdes de mar
tuve que cruzar ríos y colinas,
y la cimas más altas saltar,
y sabiendo muy a mi pesar
la que señala mi propia conciencia,
que me crió con moral y ciencia.
Atesoro como los serafines, la travesía,
cuando sembraron con sus manos,
rosas y crisantemos con amor
sin cansancio, ni dolor,
sólo para regocijarme en tus senos
y en tu vientre y en tus muslos.
Adiós vida mía. Adiós me dije,
y acercándome a tus oídos, exánime,
mascullé sin convicción : para siempre.
Y me obligué como a perderte se siente.
Y percibí tu singular fragancia,
para recordar que viví en tu estancia,
fuente de dulzura y pasión
que en largos días me abrigaste,
que a tientas me enseñaste
la locura y la sensación,
de paraíso por descubrir
o a infierno por huir.
Obligado estoy acaso,
a oscuras entender mi fracaso.
Y es que estoy en un lazo,
oprimido en este mal paso.
Medito en mi ciencia y mi conciencia,
en mi soledad con paciencia,
la autoría de mi decisión,
para ver alguna intromisión.
Creo ser franco, sincero, leal y veraz.
Y sencillamente, respuesta,
ni delicado, ni mordaz,
no hallo ni siquiera de muestra.
Quebrado soy de carne y hueso
como perro, de regreso.
Porque forjaste un seguro,
en mi alma y en el tuyo, tan duro.....
para recordar que tan sólo merezco,
vivir para ti......... y a tí, pertenezco.