Una noche llegaste.
Eras un río impetuoso
de preciosas mañanas.
El vértigo desconocido
de un nuevo infinito
abriendo todos tus sentidos.
Te habitaban heridas
de pasadas oquedades.
Soledades de pájaros
como jaulas.
Las hojas secas
de los otoños
sin la paz de los inviernos.
Te nacían tristezas de nieblas
sin el abrazo de las lluvias refrescantes.
La rebeldía de un silencio
dentro de una voz siempre acallada.
Eras un fuego en sequía
sin el calor de las manos
que abandonaron temprano
los días de tu niñez desangelada.
Como un abrigo de sol,
en las ciegas noches
de mi vida sin dirección...
Una noche, la noche del TuYo,
sin ser llamada, sin ser buscada,
como se esperan las cosas
que quedan para siempre
entre el corazón y el alma,
entraste a mi vida sin pausa;
sin saber que, en otra noche lejana,
las cenizas del abandono
serían el adiós elegido como camino.
.
Eras un río impetuoso
de preciosas mañanas.
El vértigo desconocido
de un nuevo infinito
abriendo todos tus sentidos.
Te habitaban heridas
de pasadas oquedades.
Soledades de pájaros
como jaulas.
Las hojas secas
de los otoños
sin la paz de los inviernos.
Te nacían tristezas de nieblas
sin el abrazo de las lluvias refrescantes.
La rebeldía de un silencio
dentro de una voz siempre acallada.
Eras un fuego en sequía
sin el calor de las manos
que abandonaron temprano
los días de tu niñez desangelada.
Como un abrigo de sol,
en las ciegas noches
de mi vida sin dirección...
Una noche, la noche del TuYo,
sin ser llamada, sin ser buscada,
como se esperan las cosas
que quedan para siempre
entre el corazón y el alma,
entraste a mi vida sin pausa;
sin saber que, en otra noche lejana,
las cenizas del abandono
serían el adiós elegido como camino.
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