Pedro Olvera
#ElPincheLirismo
Debajo de tus cabellos pasaron varios prodigios,
fenómenos atmosféricos, trenes y barcos.
Labios que trepaban a los jazmines con su color
de almendra sitiada por pétalos invisibles.
Episodios dignos de las películas de naufragios,
los Sonetos para Matilde mordisqueados
y digeridos con la lengua misma, con los dientes.
El ave puntera de tus pestañas al entrecerrarse
trazaba socavones en tres centímetros de aliento
para perderse de mis palabras
y entregarme a tu capricho
de horas de nubes ausentes
que nos llovían urgencias de manos bajo el suéter
hasta encharcarnos la siesta todo el martes.
A veces ocurrían incendios; a veces, luciérnagas quemadas.
Compartíamos la neutralidad de una mejilla
y tu pecho entretejía sus rumores con mi sistólico rosario
y dormías sobre mí con todos tus derrumbes
y era tal esa amada levedad
que yo te confundía con un siempre de la aurora.
Debajo de tus cabellos nunca encontré tus lunas de mimbre
ni las praderas con caballos que buscabas,
solo un buen sitio para leer las runas de tu frente,
para pausar el manantial de tu garganta,
para encarcelar mis ojos detrás de tus párpados
y contemplar, absorto,
la luminosa inmensidad de nuestra ceguera momentánea.
fenómenos atmosféricos, trenes y barcos.
Labios que trepaban a los jazmines con su color
de almendra sitiada por pétalos invisibles.
Episodios dignos de las películas de naufragios,
los Sonetos para Matilde mordisqueados
y digeridos con la lengua misma, con los dientes.
El ave puntera de tus pestañas al entrecerrarse
trazaba socavones en tres centímetros de aliento
para perderse de mis palabras
y entregarme a tu capricho
de horas de nubes ausentes
que nos llovían urgencias de manos bajo el suéter
hasta encharcarnos la siesta todo el martes.
A veces ocurrían incendios; a veces, luciérnagas quemadas.
Compartíamos la neutralidad de una mejilla
y tu pecho entretejía sus rumores con mi sistólico rosario
y dormías sobre mí con todos tus derrumbes
y era tal esa amada levedad
que yo te confundía con un siempre de la aurora.
Debajo de tus cabellos nunca encontré tus lunas de mimbre
ni las praderas con caballos que buscabas,
solo un buen sitio para leer las runas de tu frente,
para pausar el manantial de tu garganta,
para encarcelar mis ojos detrás de tus párpados
y contemplar, absorto,
la luminosa inmensidad de nuestra ceguera momentánea.
19 de mayo de 2018