Debajo de tus cabellos

Pedro Olvera

#ElPincheLirismo
Debajo de tus cabellos pasaron varios prodigios,
fenómenos atmosféricos, trenes y barcos.
Labios que trepaban a los jazmines con su color
de almendra sitiada por pétalos invisibles.
Episodios dignos de las películas de naufragios,
los Sonetos para Matilde mordisqueados
y digeridos con la lengua misma, con los dientes.

El ave puntera de tus pestañas al entrecerrarse
trazaba socavones en tres centímetros de aliento
para perderse de mis palabras
y entregarme a tu capricho
de horas de nubes ausentes
que nos llovían urgencias de manos bajo el suéter
hasta encharcarnos la siesta todo el martes.

A veces ocurrían incendios; a veces, luciérnagas quemadas.
Compartíamos la neutralidad de una mejilla
y tu pecho entretejía sus rumores con mi sistólico rosario
y dormías sobre mí con todos tus derrumbes
y era tal esa amada levedad
que yo te confundía con un siempre de la aurora.

Debajo de tus cabellos nunca encontré tus lunas de mimbre
ni las praderas con caballos que buscabas,
solo un buen sitio para leer las runas de tu frente,
para pausar el manantial de tu garganta,
para encarcelar mis ojos detrás de tus párpados
y contemplar, absorto,
la luminosa inmensidad de nuestra ceguera momentánea.

19 de mayo de 2018
 
Debajo de tus cabellos pasaron varios prodigios,
fenómenos atmosféricos, trenes y barcos.
Labios que trepaban a los jazmines con su color
de almendra sitiada por pétalos invisibles.
Episodios dignos de las películas de naufragios,
los Sonetos para Matilde mordisqueados
y digeridos con la lengua misma, con los dientes.

El ave puntera de tus pestañas al entrecerrarse
trazaba socavones en tres centímetros de aliento
para perderse de mis palabras
y entregarme a tu capricho
de horas de nubes ausentes
que nos llovían urgencias de manos bajo el suéter
hasta encharcarnos la siesta todo el martes.

A veces ocurrían incendios; a veces, luciérnagas quemadas.
Compartíamos la neutralidad de una mejilla
y tu pecho entretejía sus rumores con mi sistólico rosario
y dormías sobre mí con todos tus derrumbes
y era tal esa amada levedad
que yo te confundía con un siempre de la aurora.

Debajo de tus cabellos nunca encontré tus lunas de mimbre
ni las praderas con caballos que buscabas,
solo un buen sitio para leer las runas de tu frente,
para pausar el manantial de tu garganta,
para encarcelar mis ojos detrás de tus párpados
y contemplar, absorto,
la luminosa inmensidad de nuestra ceguera momentánea.

19 de mayo de 2018
Leyéndote la imaginación se vuelve loca, a verse metida en tus palabras.
Complicada para mi, pero me gusta tu forma.
Gracias por compartirlo
 
Leyéndote la imaginación se vuelve loca, a verse metida en tus palabras.
Complicada para mi, pero me gusta tu forma.
Gracias por compartirlo
Hola, Fabiola. Muchas gracias por venir y dejar tu amable comentario. Me has puesto a pensar, sabes, porque siempre he creído que las construcciones de mis discursos poéticos son sencillas, con metáforas basadas en imágenes que resultan bastante digeribles. Pero creo que tienes razón: tan acostumbrado estoy a las lecturas de poemas que trabajan con inferencias que a veces yo mismo olvido que el objeto que describo no necesariamente resulta obvio por las abstracciones por las que lo manifiesto.

En todo caso, se me ocurrió un ejercicio: des-alegorizar lo más que pueda el texto y expresar su contenido con sus referencias directas. A ver que tal te parece:

Era una chica que gustaba de echarme al rostro
su cabellera lacia y teñida de púrpura.
En esa penumbra íntima,
a veces reía, lloraba o se despedía para siempre,
o me dejaba los labios mordidos y amoratados,
o me reprochaba mi indiferencia por Titánic
cuando yo le susurraba versos de Neruda para emocionarla.

A veces me miraba con los ojos entrecerrados
y yo sabía que era el momento de callar.
Luego simplemente éramos felices
de tener cuerpos y sentir que nos queríamos.
Así pasamos muchos martes juntos.

En otras ocasiones hablábamos solo de cosas serias
que nos preocupaban.
Ella se quedaba dormida
y el peso de sus preocupaciones se esfumaban.
Yo no dormía nunca.
La sentía sombre mi pecho
y me venía un ánimo de quedarme con ella.

Sin embargo, ambos sabíamos
que más allá de esas horas compartidas
no teníamos nada en común para hacer futuro,
pero nos gustaba imaginar que sí.
Hacíamos recuerdos para un después
que finalmente llegó.​

A mí me suena muy raro, me cuesta, aunque aún siento esa emoción que lo nutrió. En fin, solo quería agradecerte y terminé yéndome por las ramas.

Saludos cordiales.
 
"Y dormías sobre mi con todos tus derrumbes"
Qué vuelo es este? Es tan alto pero se alcanza a percibir cuando esto de escribir nos nueve tantas fibras.
Es un enorme poema Pedro, es como amar con todas las imperfecciones y decadencias y leerlo así de esta forma en que tú lo expresas es realmente toda una experiencia.
Te debo algunos comentarios, porque de leerte sabes que siempre ando al pendiente de tus letras.
Te quiero chamaco, recibe un abrazo fuerte y un beso gigante...
 
Debajo de tus cabellos pasaron varios prodigios,
fenómenos atmosféricos, trenes y barcos.
Labios que trepaban a los jazmines con su color
de almendra sitiada por pétalos invisibles.
Episodios dignos de las películas de naufragios,
los Sonetos para Matilde mordisqueados
y digeridos con la lengua misma, con los dientes.

El ave puntera de tus pestañas al entrecerrarse
trazaba socavones en tres centímetros de aliento
para perderse de mis palabras
y entregarme a tu capricho
de horas de nubes ausentes
que nos llovían urgencias de manos bajo el suéter
hasta encharcarnos la siesta todo el martes.

A veces ocurrían incendios; a veces, luciérnagas quemadas.
Compartíamos la neutralidad de una mejilla
y tu pecho entretejía sus rumores con mi sistólico rosario
y dormías sobre mí con todos tus derrumbes
y era tal esa amada levedad
que yo te confundía con un siempre de la aurora.

Debajo de tus cabellos nunca encontré tus lunas de mimbre
ni las praderas con caballos que buscabas,
solo un buen sitio para leer las runas de tu frente,
para pausar el manantial de tu garganta,
para encarcelar mis ojos detrás de tus párpados
y contemplar, absorto,
la luminosa inmensidad de nuestra ceguera momentánea.

19 de mayo de 2018

Me agrado leerte.
Cada imagen devela su interior.
Saludos
 
Esos amores Martín, ¡esos amores!. Y creo que hay que vivirlos, intensamente, disfrutando
cada instante de compartir en esa intimidad que se construye entre dos, para dos, puede ser
tan pleno ese sentimiento aún cuando sepamos lo incierto que pueda ser el futuro, el momento
es hoy. Me habrás oído decir muchas veces que el amor siempre vale la pena y lo reitero, toda
situación que motive en la pluma estos versos, tiene que valer la pena. Gracias por compartirlos.
Besitos cariñosos apretados en tus mejillas.
 

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