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Debate filosófico (Como un juego de amor)

Ricardo López Castro

*Deuteronómico*
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No me exime del clímax escupir laberintos,
ni tampoco salvar los archivos del Word en redes inalámbricas -qué redes-,
maldita sea, nunca conseguí la mujer que deseaba.
No soy un desgraciado, pero cuando hay tormenta me asustan los tejados
-siempre intenté querer algo que se escapaba a mi conciencia-.
Ese buho repite lo que digo, inventa nuevas formas de posarse en mi ombligo.
Y todo para qué, la mejor perspectiva la tienen los que aman.
Lo que sea, un albatros, un tótem, o un botijo.
Tienen las de ganar.
Solo vence quien sabe la verdad, por muy puta que sea.
Delirium trémens de los pensadores.
¿Y cómo adivinar lo que sentían ella, ellas, todas?
Hay un oso hormiguero debajo de mi alfombra.
Y una mota de polvo quieta, ingrávida, se ahoga en mi cuello.
Miro, observo, contemplo, y cada vez más cerca,
mi nuca.
¿Qué demonios sé yo de sentimientos?
He llegado a arrastrarme por cualquiera -quizá me mereciesen, o algo más-.
¿Y si nunca llegase realmente a desearme, nadie?
¿Y si todo fuese tan solo una broma macabra?
Caimanes sin cabeza inundan mi lavabo...
¿Y si fuese jodidamente fácil jugármela, y si nadie creyera en el amor?
¿Por qué coño confiar en lo que dicen?
¿Quién? ¿Ellos, ellas, todos?
¿Me aterrorizaría saber que en verdad he amado, en verdad amo?
Como un zombie vestido de etiqueta, etiqueta, etiqueta y... ¡¡etiqueta!!
 
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No me exime del clímax escupir laberintos,
ni tampoco salvar los archivos del Word en redes inalámbricas -qué redes-,
maldita sea, nunca conseguí la mujer que deseaba.
No soy un desgraciado, pero cuando hay tormenta me asustan los tejados
-siempre intenté querer algo que se escapaba a mi conciencia-.
Ese buho repite lo que digo, inventa nuevas formas de posarse en mi ombligo.
Y todo para qué, la mejor perspectiva la tienen los que aman.
Lo que sea, un albatros, un tótem, o un botijo.
Tienen las de ganar.
Solo vence quien sabe la verdad, por muy puta que sea.
Delirium trémens de los pensadores.
¿Y cómo adivinar lo que sentían ella, ellas, todas?
Hay un oso hormiguero debajo de mi alfombra.
Y una mota de polvo quieta, ingrávida, se ahoga en mi cuello.
Miro, observo, contemplo, y cada vez más cerca,
mi nuca.
¿Qué demonios sé yo de sentimientos?
He llegado a arrastrarme por cualquiera -quizá me mereciesen, o algo más-.
¿Y si nunca llegase realmente a desearme, nadie?
¿Y si todo fuese tan solo una broma macabra?
Caimanes sin cabeza inundan mi lavabo...
¿Y si fuese jodidamente fácil jugármela, y si nadie creyera en el amor?
¿Por qué coño confiar en lo que dicen?
¿Quién? ¿Ellos, ellas, todos?
¿Me aterrorizaría saber que en verdad he amado, en verdad amo?
Como un zombie vestido de etiqueta, etiqueta, etiqueta y... ¡¡etiqueta!!

Realmente muy interesante tu poema, amigo Ricardo, un buen trabajo, enhorabuena. Saludos, con el deseo de que te vayan las cosas muy bien.
 
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No me exime del clímax escupir laberintos,
ni tampoco salvar los archivos del Word en redes inalámbricas -qué redes-,
maldita sea, nunca conseguí la mujer que deseaba.
No soy un desgraciado, pero cuando hay tormenta me asustan los tejados
-siempre intenté querer algo que se escapaba a mi conciencia-.
Ese buho repite lo que digo, inventa nuevas formas de posarse en mi ombligo.
Y todo para qué, la mejor perspectiva la tienen los que aman.
Lo que sea, un albatros, un tótem, o un botijo.
Tienen las de ganar.
Solo vence quien sabe la verdad, por muy puta que sea.
Delirium trémens de los pensadores.
¿Y cómo adivinar lo que sentían ella, ellas, todas?
Hay un oso hormiguero debajo de mi alfombra.
Y una mota de polvo quieta, ingrávida, se ahoga en mi cuello.
Miro, observo, contemplo, y cada vez más cerca,
mi nuca.
¿Qué demonios sé yo de sentimientos?
He llegado a arrastrarme por cualquiera -quizá me mereciesen, o algo más-.
¿Y si nunca llegase realmente a desearme, nadie?
¿Y si todo fuese tan solo una broma macabra?
Caimanes sin cabeza inundan mi lavabo...
¿Y si fuese jodidamente fácil jugármela, y si nadie creyera en el amor?
¿Por qué coño confiar en lo que dicen?
¿Quién? ¿Ellos, ellas, todos?
¿Me aterrorizaría saber que en verdad he amado, en verdad amo?
Como un zombie vestido de etiqueta, etiqueta, etiqueta y... ¡¡etiqueta!!
Ya las etiquetas se han perdido en esas vitreas sensaciones donde la adicciion
delgada se visiona en una entrega de contraluces perdidos. bellissimo.
saludos afectuosos de luzyabsenta
 

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