Viento de américa
Poeta adicto al portal
Me levanté tarde,
después de soñar sin poder dormir.
Terminé de despertar,
no por el agua fría de la regadera
-olvidé subirle al calentador-
sino por el golpe en la cabeza
luego del resbalón.
Atarantado y aterido de frío,
y con la panza llena de hambre,
abordé la combi rumbo al trabajo.
A medio camino, una nueva crisis de asma
-obvio, todas mis crisis siempre son nuevas-;
en medio de mis espasmos,
una mano suave, bien arreglada,
se estrelló en mi rostro,
todo indicaba que involuntariamente
rocé uno de los pechos de la dueña de la mano.
Atravecé la avenida aún con el pecho contraído,
un claxon y una mentada evitaron
que un pequeño auto ¿azul? me atropellara.
Casi a salvo, en mi oficina, pensé:
"O soy un superhéroe,
o estoy vacunado contra todo".
La respuesta era otra:
¡Amor mío, cuando estás conmigo,
siempre tengo días tan lindos como hoy!
después de soñar sin poder dormir.
Terminé de despertar,
no por el agua fría de la regadera
-olvidé subirle al calentador-
sino por el golpe en la cabeza
luego del resbalón.
Atarantado y aterido de frío,
y con la panza llena de hambre,
abordé la combi rumbo al trabajo.
A medio camino, una nueva crisis de asma
-obvio, todas mis crisis siempre son nuevas-;
en medio de mis espasmos,
una mano suave, bien arreglada,
se estrelló en mi rostro,
todo indicaba que involuntariamente
rocé uno de los pechos de la dueña de la mano.
Atravecé la avenida aún con el pecho contraído,
un claxon y una mentada evitaron
que un pequeño auto ¿azul? me atropellara.
Casi a salvo, en mi oficina, pensé:
"O soy un superhéroe,
o estoy vacunado contra todo".
La respuesta era otra:
¡Amor mío, cuando estás conmigo,
siempre tengo días tan lindos como hoy!
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