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Deja vu

Dikia

Poeta que considera el portal su segunda casa
Bajojo el mismo cielo, el destino nos cruzó,
cuerpos que ayer no se reconocían,
pero un fuego antiguo nos unió,
un déjà vu que iluminó el alma al despertar.

Bajamos juntos esas escaleras de un tiempo ya vivido,
en ese lugar donde la memoria se vuelve amor,
y tus ojos me miraban, como en una fiesta compartida,
antes de la despedida hacia esa guerra
donde nunca más te volví a ver.

Pero el amor no conoce despedidas,
y aquí estamos, volviendo a encontrarnos,
con un renacer que se alimenta de los años
y de los silencios entre nosotros,
de las caricias, de los momentos que compartimos,
hasta con el perro que fue nuestro fiel amigo.

Él, tan tierno y leal,
como nuestro amor,
tan entregado,
tan inmenso,
nos acompañó, siempre en el rincón de la vida.
Y juntos, entre risas y llantos,
aprendimos que el amor no tiene dueño,
que somos todos uno,
unidos por ese lazo de alma.

Ahora el tiempo nos regala este reencuentro,
un amor que renace sin miedo,
como un sol mañanero,
bajo el canto de los ángeles,
limpios de las heridas,
sin las sombras del pasado.

Te amo como nunca,
y este amor que compartimos,
ya no tiene precio.
Es un lujo sentirlo,
tan mío, tan dentro,
tan puro como el amor de un perro,
tan entregado,
y tan eterno.

Juntos, tú, yo
volamos libres,
sin tiempo,
sin dolor,
en esta danza infinita que es el amor,
porque tú eres mío,
igual que ayer,
igual que siempre,
y siempre serás parte de mí.

25/03/2025
©Dikia
 
Bajojo el mismo cielo, el destino nos cruzó,
cuerpos que ayer no se reconocían,
pero un fuego antiguo nos unió,
un déjà vu que iluminó el alma al despertar.

Bajamos juntos esas escaleras de un tiempo ya vivido,
en ese lugar donde la memoria se vuelve amor,
y tus ojos me miraban, como en una fiesta compartida,
antes de la despedida hacia esa guerra
donde nunca más te volví a ver.

Pero el amor no conoce despedidas,
y aquí estamos, volviendo a encontrarnos,
con un renacer que se alimenta de los años
y de los silencios entre nosotros,
de las caricias, de los momentos que compartimos,
hasta con el perro que fue nuestro fiel amigo.

Él, tan tierno y leal,
como nuestro amor,
tan entregado,
tan inmenso,
nos acompañó, siempre en el rincón de la vida.
Y juntos, entre risas y llantos,
aprendimos que el amor no tiene dueño,
que somos todos uno,
unidos por ese lazo de alma.

Ahora el tiempo nos regala este reencuentro,
un amor que renace sin miedo,
como un sol mañanero,
bajo el canto de los ángeles,
limpios de las heridas,
sin las sombras del pasado.

Te amo como nunca,
y este amor que compartimos,
ya no tiene precio.
Es un lujo sentirlo,
tan mío, tan dentro,
tan puro como el amor de un perro,
tan entregado,
y tan eterno.

Juntos, tú, yo
volamos libres,
sin tiempo,
sin dolor,
en esta danza infinita que es el amor,
porque tú eres mío,
igual que ayer,
igual que siempre,
y siempre serás parte de mí.

25/03/2025
©Dikia
La unión y la semejanza en el amor, son las herramientas fundamentales para obtener el éxito en las relaciones.
Es una fuerza innata que vislumbra nuestra alma.

Saludos
 
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