Piedad Acosta Ruiz
Poeta recién llegado
Siempre se regresa al nido, cuando la soledad de un banal mundo hemos recorrido, y en nuestro fuero interno, queremos recuperar la ternura y el cariño del nido perdido.
Se tienden a recordar con mayor fuerza e intensidad, las experiencias placenteras y gratificantes; porque queremos revivir la luminosidad de esos instantes, especialmente cuando la soledad de aciagos momentos, nos han borrado el contento.
Se tienden a recordar con mayor fuerza e intensidad, las experiencias placenteras y gratificantes; porque queremos revivir la luminosidad de esos instantes, especialmente cuando la soledad de aciagos momentos, nos han borrado el contento.
DÉJAME
Déjame
escudriñar tus temores
para poderlos acompañar,
y si los deseas, a otro lugar
poderlos llevar a descansar.
Déjame estar resguardando
tu soledad, así la mía terminará,
déjame tenerte en mi mesa
compartiendo la cena.
Déjame invitarte a caminar
en esta noche de luna llena,
hablando de lo que te hace
en las madrugadas desvelar.
Déjame aligerar tu cansancio,
para que me compartas del desgano,
de la endiablada monotonía que hastía,
de los días que le huyes al mañana.
Déjame armar sueños, proyectos,
programas que hagan vibrar
nuestras almas, llena el armario
con la ternura que dejó vacio el hogar.
Déjame colgar el cuadro de la alegría
en la oscura alcoba de tu soledad,
déjame que la serenata de mis palabras
riegue tu jardín marchito, que perdió mantillo.
Deja que este sea el puerto,
donde tu existencia pueda arribar,
ya se terminaron la batallas perdidas,
ven a descansar !el fuego aún no se apaga!
Déjame
escudriñar tus temores
para poderlos acompañar,
y si los deseas, a otro lugar
poderlos llevar a descansar.
Déjame estar resguardando
tu soledad, así la mía terminará,
déjame tenerte en mi mesa
compartiendo la cena.
Déjame invitarte a caminar
en esta noche de luna llena,
hablando de lo que te hace
en las madrugadas desvelar.
Déjame aligerar tu cansancio,
para que me compartas del desgano,
de la endiablada monotonía que hastía,
de los días que le huyes al mañana.
Déjame armar sueños, proyectos,
programas que hagan vibrar
nuestras almas, llena el armario
con la ternura que dejó vacio el hogar.
Déjame colgar el cuadro de la alegría
en la oscura alcoba de tu soledad,
déjame que la serenata de mis palabras
riegue tu jardín marchito, que perdió mantillo.
Deja que este sea el puerto,
donde tu existencia pueda arribar,
ya se terminaron la batallas perdidas,
ven a descansar !el fuego aún no se apaga!