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Del impacto de una luna-.

BEN.

Poeta que considera el portal su segunda casa
Yo que venía del impacto de una luna,

de las fosas nasales de un vituperio,

de la orquesta acuática de ánades y rocas,

del florecimiento pequeño de nubes y nebulosas.

De estrellas palpitantes como cerezos que se abren.

De polares vestigios de luces incandescentes.

De aquellos estropeados lodazales

de escarchas y golpes azulados, como moratones.

No en vano, me pasé la mitad de la vida

con la boca con gusanos, con hormigas, con

la boca tapada. Me pasé unos años dormido.

Higueras crecían, aumentaban su tamaño real,

higos descendían de sus apretados puños frutales.

Venía del siglo pasado. De una gloria inadmisible.

Del cansancio de una centuria agotada por el suplicio

y la muerte de las expectativas. Y de repente, tú,

que abres en mi boca torrentes de lirios, rosas

excavadas al borde de las cunetas, sobrecogidos

faros de luz con golpes de azucenas. Yo, que venía

de la división de una partícula, del secreto de la noche,

del electrón compartido entre amistades soñolientas;

yo, que venía del martillo como de la escuela,

del lapicero terrible que me mostraba su esplendor,

de las temibles cuestas de un imperio ambulante.

A mí, que procedía de sueños eternos en memorias

cuestionadas, de rocíos estrellados en mangas

de camisa, de madrugadas heladas entre receptores

de radio y televisión.



©
 
Yo que venía del impacto de una luna,

de las fosas nasales de un vituperio,

de la orquesta acuática de ánades y rocas,

del florecimiento pequeño de nubes y nebulosas.

De estrellas palpitantes como cerezos que se abren.

De polares vestigios de luces incandescentes.

De aquellos estropeados lodazales

de escarchas y golpes azulados, como moratones.

No en vano, me pasé la mitad de la vida

con la boca con gusanos, con hormigas, con

la boca tapada. Me pasé unos años dormido.

Higueras crecían, aumentaban su tamaño real,

higos descendían de sus apretados puños frutales.

Venía del siglo pasado. De una gloria inadmisible.

Del cansancio de una centuria agotada por el suplicio

y la muerte de las expectativas. Y de repente, tú,

que abres en mi boca torrentes de lirios, rosas

excavadas al borde de las cunetas, sobrecogidos

faros de luz con golpes de azucenas. Yo, que venía

de la división de una partícula, del secreto de la noche,

del electrón compartido entre amistades soñolientas;

yo, que venía del martillo como de la escuela,

del lapicero terrible que me mostraba su esplendor,

de las temibles cuestas de un imperio ambulante.

A mí, que procedía de sueños eternos en memorias

cuestionadas, de rocíos estrellados en mangas

de camisa, de madrugadas heladas entre receptores

de radio y televisión.



©

Realmente maravilloso tu poema, amigo Ben, es una maravilla la fuerza con que te expresas en palabras, fascinante lectura, felicidades. Un abrazo, que tengas un estupendo domingo y mejor semana.
 
Yo que venía del impacto de una luna,

de las fosas nasales de un vituperio,

de la orquesta acuática de ánades y rocas,

del florecimiento pequeño de nubes y nebulosas.

De estrellas palpitantes como cerezos que se abren.

De polares vestigios de luces incandescentes.

De aquellos estropeados lodazales

de escarchas y golpes azulados, como moratones.

No en vano, me pasé la mitad de la vida

con la boca con gusanos, con hormigas, con

la boca tapada. Me pasé unos años dormido.

Higueras crecían, aumentaban su tamaño real,

higos descendían de sus apretados puños frutales.

Venía del siglo pasado. De una gloria inadmisible.

Del cansancio de una centuria agotada por el suplicio

y la muerte de las expectativas. Y de repente, tú,

que abres en mi boca torrentes de lirios, rosas

excavadas al borde de las cunetas, sobrecogidos

faros de luz con golpes de azucenas. Yo, que venía

de la división de una partícula, del secreto de la noche,

del electrón compartido entre amistades soñolientas;

yo, que venía del martillo como de la escuela,

del lapicero terrible que me mostraba su esplendor,

de las temibles cuestas de un imperio ambulante.

A mí, que procedía de sueños eternos en memorias

cuestionadas, de rocíos estrellados en mangas

de camisa, de madrugadas heladas entre receptores

de radio y televisión.



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Intensa fuerza para desde la voz reclamar el asedio al pasado y concluir que el
presente deja como un velo suelto de dudas. excelente. saludos amables de
luzyabsenta
 

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