Carrlos Yescas
Poeta recién llegado
La distancia más corta entre dos puntos,
es quedarse sentado a esperar que se acerque el otro punto,
aunque mucho más lenta, pesada, agonizante.
En esa espera, en ese flotar en las inevitables olas
de los suspiros que ya no alcanzan, de los dolores
que lloran por sí mismos, aparece el olvido.
El huracán que camina con pasos de gusano,
restando, entonando esa melodía de sal amarga,
de días con maletas a la puerta de la casa del mañana,
de sangre que es su ojo, de viento sin camino,
de manos de ayer que son la única posibilidad
de placer en este abismo que formé con mi lluvia,
que fui moldeando a través de los millones de años
que he pasado recorriendo, decantando, raspando,
uniendo la piedra, la arena, a mí, a mi dermis.
Así hemos viajado, esperándonos, punto a punto,
en la pesadumbre, en los años de muros,
en la boca del desierto, en la jauría de las lunas sin ombligo,
en la entrega del nosotros, en los besos susurrados
en oídos que mienten, en ti que ya no es hoy,
en el ayer que ya no es nada.
Cubre tu alma desnuda que hace frío, llénala de ilusiones,
porque tras el paso del olvido, aunque los imposibles por fin se realicen,
habrán de resultarte terriblemente cotidianos.
Carlos Yescas Alvarado, escrito mientras esperaba algo que ya no recuerdo...
es quedarse sentado a esperar que se acerque el otro punto,
aunque mucho más lenta, pesada, agonizante.
En esa espera, en ese flotar en las inevitables olas
de los suspiros que ya no alcanzan, de los dolores
que lloran por sí mismos, aparece el olvido.
El huracán que camina con pasos de gusano,
restando, entonando esa melodía de sal amarga,
de días con maletas a la puerta de la casa del mañana,
de sangre que es su ojo, de viento sin camino,
de manos de ayer que son la única posibilidad
de placer en este abismo que formé con mi lluvia,
que fui moldeando a través de los millones de años
que he pasado recorriendo, decantando, raspando,
uniendo la piedra, la arena, a mí, a mi dermis.
Así hemos viajado, esperándonos, punto a punto,
en la pesadumbre, en los años de muros,
en la boca del desierto, en la jauría de las lunas sin ombligo,
en la entrega del nosotros, en los besos susurrados
en oídos que mienten, en ti que ya no es hoy,
en el ayer que ya no es nada.
Cubre tu alma desnuda que hace frío, llénala de ilusiones,
porque tras el paso del olvido, aunque los imposibles por fin se realicen,
habrán de resultarte terriblemente cotidianos.
Carlos Yescas Alvarado, escrito mientras esperaba algo que ya no recuerdo...