Pedro Olvera
#ElPincheLirismo
Acorralados por los hongos que nos persiguen la quietud,
con el agua de lavar trastes filtrada hasta los huesos
y la espuma de las manos fluyendo por las coladeras,
y el cirio derramado por el agujero de su luz escasa,
escribimos nuestros fantasmas en los días que no atraviesan
la muralla de humo que levantamos con los ojos.
Pero para caminar por las paredes es preciso derribarlas,
pese al riesgo de que el cielo se caiga y nos aplaste,
porque el respiro es afuera y sin linderos,
en el aire todavía caliente y tembloroso de las hojas.
Dinamitemos el espejo hasta que se nuble,
hasta parirnos por nuestras bocas en las manos,
hasta que el pecho sea nuestro rostro y dé la cara,
hasta que el latir a pares no sea un cuentagotas,
hasta que el sol y el corazón crezcan en la misma rama.
Recibamos juntos el salvaje asalto de las flores,
riamos el rojo esplendor que destella en las granadas,
que los labios se nos desprendan de tantos frutos dulces,
que la tierra reconozca nuestros versos como suyos
y nos fertilice el pez de las lenguas nadadoras
y el cardumen de nuestro cuerpo en desbandada
sea quien rompa el margen del caudal que nos ahoga
y nuestra desnudez definitiva sea la transparencia
del paisaje que alguna vez nos sostuvo la mirada.
con el agua de lavar trastes filtrada hasta los huesos
y la espuma de las manos fluyendo por las coladeras,
y el cirio derramado por el agujero de su luz escasa,
escribimos nuestros fantasmas en los días que no atraviesan
la muralla de humo que levantamos con los ojos.
Pero para caminar por las paredes es preciso derribarlas,
pese al riesgo de que el cielo se caiga y nos aplaste,
porque el respiro es afuera y sin linderos,
en el aire todavía caliente y tembloroso de las hojas.
Dinamitemos el espejo hasta que se nuble,
hasta parirnos por nuestras bocas en las manos,
hasta que el pecho sea nuestro rostro y dé la cara,
hasta que el latir a pares no sea un cuentagotas,
hasta que el sol y el corazón crezcan en la misma rama.
Recibamos juntos el salvaje asalto de las flores,
riamos el rojo esplendor que destella en las granadas,
que los labios se nos desprendan de tantos frutos dulces,
que la tierra reconozca nuestros versos como suyos
y nos fertilice el pez de las lenguas nadadoras
y el cardumen de nuestro cuerpo en desbandada
sea quien rompa el margen del caudal que nos ahoga
y nuestra desnudez definitiva sea la transparencia
del paisaje que alguna vez nos sostuvo la mirada.
12 de julio de 2021