Odisea
Poeta recién llegado
Todos los laureles del mundo están en la hoja perdida,
los encontré cuando resucite los versos prohibidos.
Un libro del pacto, véase su semblante arrodillado.
Del imperio al regazo y devuelto al origen entumecido,
nazco entre la ceniza de la hojarasca.
Todos los laureles del mundo están en la cara
de los perros vagabundos.
De una ventana que dio al nacimiento, luego la luz inmersa
en las aguas del ocaso, y al paso del ruiseñor
algún imperio en los cielos tendré que encontrar
Un libro del pacto, véase sus ojos durmiendo detrás de su nuca.
De la cuna al río, príncipes de los días, esperen al siguiente.
Nadando viene entre plantas, fiel constante.
Al pantano en mis clavículas forzando la fiesta
y ni la lengua del demonio desnuda cuál
libro de pactos.
los encontré cuando resucite los versos prohibidos.
Un libro del pacto, véase su semblante arrodillado.
Del imperio al regazo y devuelto al origen entumecido,
nazco entre la ceniza de la hojarasca.
Todos los laureles del mundo están en la cara
de los perros vagabundos.
De una ventana que dio al nacimiento, luego la luz inmersa
en las aguas del ocaso, y al paso del ruiseñor
algún imperio en los cielos tendré que encontrar
Un libro del pacto, véase sus ojos durmiendo detrás de su nuca.
De la cuna al río, príncipes de los días, esperen al siguiente.
Nadando viene entre plantas, fiel constante.
Al pantano en mis clavículas forzando la fiesta
y ni la lengua del demonio desnuda cuál
libro de pactos.