Mario Francisco LG
Un error en la Matrix
Delirios consecuentes
© Andrés Amendizábal
La muerte misma, efímero castigo del eterno
ha postergado la luz del candil de mis alegrías,
y he sucumbido en lo trillado, en las cuevas del infierno
donde se postran mis soles, luna, noches y días.
Los círculos poéticos yacen postrados a la miseria,
mientras el ruín roedor carcome la soga de vida.
Los cuervos ya crecidos han sacado mis ojos, esencia
que mi alma contempla desde su única herida.
Tengo el dolor de espina en el costado de mi médula
que se apasiona con el dolor exigente que prolongo
Mi piel se ha vuelto pávida, frígida y trémula,
y mi espalda total infantil cada vez que lloro.
Estupefacientes de calidad fétida lagrimeo
y un corazón real metafórico deparece,
la muerte en mi réquiem guarda silencio,
y mis ideas, recuerdos mentales, enloquecen.
© Andrés Amendizábal
La muerte misma, efímero castigo del eterno
ha postergado la luz del candil de mis alegrías,
y he sucumbido en lo trillado, en las cuevas del infierno
donde se postran mis soles, luna, noches y días.
Los círculos poéticos yacen postrados a la miseria,
mientras el ruín roedor carcome la soga de vida.
Los cuervos ya crecidos han sacado mis ojos, esencia
que mi alma contempla desde su única herida.
Tengo el dolor de espina en el costado de mi médula
que se apasiona con el dolor exigente que prolongo
Mi piel se ha vuelto pávida, frígida y trémula,
y mi espalda total infantil cada vez que lloro.
Estupefacientes de calidad fétida lagrimeo
y un corazón real metafórico deparece,
la muerte en mi réquiem guarda silencio,
y mis ideas, recuerdos mentales, enloquecen.
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