Delante mío te vi pasar al rayar el alba;
sin ver mirabas, desconociendo con desamparo
cortando ramas entre los bosques
cavando ruinas y descampados…
como gacela que así, sin dueño, te deslizaras
por las colinas y cerros pardos que guardan Lima…
tantos pampones con basurales y estercoleros…;
aves rastreras por las acequias y alcantarillas.
No me veías mas no cejabas en desempeños.
Buscando ahíta, nunca llegabas a dar conmigo,
ni despertabas, acorralada por tus delirios
de piel enjuta…, de largas las uñas tus dedos locos.
Llorando culpas tal vez ajenas, quizá heredadas,
surcando huellas que te alejaban entre unas nubes como aluviones,
me eras remisa como si un sueño del que privarte
te hubiera hecho aun más esquiva; yo te enjugaba
con vendas blancas para secar tus temblores fríos,
mas parecía quete abrigara con gruesas ruanas multicolores.
Te desperté y aún delirabas: a quién buscabas
―es mi pregunta…― ¿quién te seguía? o ¿quién perseguía
y quién escapaba…? O, es que en tus sueños tal vez viviste
la pesadilla que ya arrastrabas desde hace lustros:
temías perderte en un sueño eterno que nos privara
de amarnos siempre.
L.
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