Alejandra de la Mora
Poeta asiduo al portal
DEMIAN
Con la boca seca
susurro tu nombre casi sin aliento,
tu sólo recuerdo me llena de tormento
y mis lagrimas una a una
corren lentamente por mi cuerpo,
mientras mi piel se empapa
evocando la desdicha de tus pasos,
yo me siento oculta en el fracaso,
y no encuentro la quietud
ni en el viento ni en tus brazos,
me deleito con el desconsuelo
de tu ausencia y busco
encontrar la paciencia.
Quisiera diluir tu recuerdo con mi llanto,
quisiera olvidar mi pasado,
para ya no amarte tanto,
postergando todos los
recuerdos que me hacen tanto daño,
arrancando de mi mente tus escasos regalos,
marchitando tu recuerdo con vino y con hastío,
ya que persistente te retienes en mi mente,
y comienzo un conteo de tus risas impostoras
que quiebran lentamente mi memoria.
No me atañe el no mirarte,
tampoco el que no puedas amarme,
lo que me quita el sueño es pensarte
y no saber con quien puedes hallarte.
No me importa el no encontrarte
lo que me llena de rabia es buscarte
y saber que aunque te halle
tú no vendrás a abrazarme.
Mirándote vacío y sin habla,
poco a poco se desvanecen mis ganas,
deseando apuñalar ese rostro sin vida
no me siento dueña de la furia que me domina.
Y te persigo sin nada que decir
y me siento ciega al ver tu porvenir,
fingiendo merecer algo mas que tu imagen
te grito palabras que disfrazan
lo cobarde en que se degradan mis frases.
Y el frío de la mañana me invita a olvidar,
pero mi corazón necio me induce a tu mundo regresar.
¡Pero cansada estoy de extrañarte!
¡Harta de mirarte y ser tan cobarde!
Mi plegaria ha sido olvidarte,
y es cuando la tendencia a Dios me invade,
pues ha escuchado mi voz desafiante,
que le pide
que abofetee tu puta sonrisa de mis ojos,
que tu maldito rostro beldó
se transforme en un contorno,
¡Que te largues y no llore esa ausencia
que no es mía!,
que te borres de esta mente
que no ama todavía.
¡El más puto seas entre todos los hombres!
Y tu belleza la más ambigua
entre lo perfecto y lo que escondes.
Hoy he decidido olvidarte,
destruir tu recuerdo con engaños,
despojarme de esta culpa
de seguirte por mas de mil días
y no recibir ni tu sonrisa,
perderme en un amor verdadero
y olvidar este embriagante deseo
de poseer tu alma y cuerpo sinceros.
Porque esto escondía lujuria y pasión,
ganas de encontrarte desnudo
y recorrer tus suaves senderos sin razón.
Era el tenerte cuando lo deseara
y satisfacer eso que a mi cuerpo engañaba.
Te olvido sin una lagrima en mis ojos,
agradeciendo a tu maléfica sonrisa
las palabras escritas,
consagrando mis débiles manos
que benévolamente fijaron su escarcha
en papel añejado,
y apaciguaron impulsos que
resguardaban mis brazos.
En virtud de las palabras que hoy escribo,
¡Brindo por tu nombre, por el cual yo rió!
Y fijo a mi mente tu sonrisa embriagante,
y esos ojos me incitan a pensar en el hombre
que sacia lo que a mi mente invade.
Te olvido, simplemente te olvido,
ahora huye de mis tendencias,
¡Vete se libre de estos versos!
que no son mas que la escoria
escrita de tu inocencia,
¡Anda, corre, no vivas más esta aflicción!,
te veré partir y me librare de esta obsesión.
No te arranco del corazón,
pero ahora sé que nunca fue el amor,
quien movió a los pies que ahora
exhaustos, corrieron
en busca de salvación.
[Alejandra de la Mora o iindiiê-gêntê]
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