Raza
Poeta recién llegado
En el desierto blanco de mis sabanas,
Mi cuerpo tendido, cansado y triste de vivir descansa,
Y los demonios que habitan en mis ojos
Intentan escaparse entre las lágrimas,
Entre los lamentos mudos que rebotan en las paredes
Y tercos se ríen de mí a carcajas,
Como sintiendo pena y arrogancia por mi.
A susurros me llama la alborada,
Revelándome que pronto será la hora de su regreso,
Y con sus fulgores tal vez ahuyente a mis demonios,
A gritos ahogados pido su ayuda.
En el desierto rosa de mis sabanas
Bañadas por la luz madrugadora,
Mis demonios ríen y gritan improperios a mi alma,
Recordándome una vieja canción,
Un libro, una frase, una caricia, un beso,
El sabor de lo equivocado.
Entre mis pestañas alborozadas,
Algunas gotitas como de una tormenta
Aun se niegan a partir con mis demonios,
Y como rogándome el regreso
Con el nacimiento del día,
Maldicen nuevamente mi alma,
Perdiéndose en el desierto amarillento de mis almohadones
Bañados por el dorado sol de la mañana.
Mis ojos saludan y agradecen el nuevo día,
El ataque frustrado de mis demonios,
La sonrisa nostálgica en mis labios,
Las gotas prendidas en mis pestañas,
Los rayos tenues del sol naciente,
Que me miran esperanzándome y me saludan
Mi cuerpo tendido, cansado y triste de vivir descansa,
Y los demonios que habitan en mis ojos
Intentan escaparse entre las lágrimas,
Entre los lamentos mudos que rebotan en las paredes
Y tercos se ríen de mí a carcajas,
Como sintiendo pena y arrogancia por mi.
A susurros me llama la alborada,
Revelándome que pronto será la hora de su regreso,
Y con sus fulgores tal vez ahuyente a mis demonios,
A gritos ahogados pido su ayuda.
En el desierto rosa de mis sabanas
Bañadas por la luz madrugadora,
Mis demonios ríen y gritan improperios a mi alma,
Recordándome una vieja canción,
Un libro, una frase, una caricia, un beso,
El sabor de lo equivocado.
Entre mis pestañas alborozadas,
Algunas gotitas como de una tormenta
Aun se niegan a partir con mis demonios,
Y como rogándome el regreso
Con el nacimiento del día,
Maldicen nuevamente mi alma,
Perdiéndose en el desierto amarillento de mis almohadones
Bañados por el dorado sol de la mañana.
Mis ojos saludan y agradecen el nuevo día,
El ataque frustrado de mis demonios,
La sonrisa nostálgica en mis labios,
Las gotas prendidas en mis pestañas,
Los rayos tenues del sol naciente,
Que me miran esperanzándome y me saludan