Raul Matas Sanchez
Poeta adicto al portal
En fín, no necesité mucho tiempo ni muchos pensamientos para abrazarte, por teléfono no entendí lo que ocurría pero ahora estas conmigo. No entiendo mucho el por qué de la urgencia, quizás tiene que ver con tus ojos, parecen más largos, más anchos, es como un golpe oriental, pero ahora es tu piel, se estrecha más y más a lo largo de tu cuerpo, no entiendo, está todo mucho más pegajoso que cuando te acaricié esta mañana, pero claro, esta mañana no estaba pensando en ti sino en mí. Despúes, cuando despertaste de tu siesta, no entendí tu voz, parecías borracha, pero no habíamos tomado nada. Bueno, espero que no te duelan las manos, ni los codos, porque parece que cuando la piel se alarga o se derrite las manos y los codos reclaman, aunque no sé cómo pudo haber pasado. Yo he tratado de que me dejes llamar al doctor, pero ninguno me va a creer, voy a tener que mentir, porque no hay doctores que crean en la piel que se derrite, y eso no lo entiendo. Quiero que me llames por teléfono cuando te sientas mejor, cuando sepas que tu piel no se va a seguir cayendo. Dime que no te duele tanto como antes de almorzar, a estas alturas no estoy siendo muy coherente, pero nada es coherente cuando un ser querido sufre porque su piel se derrite, esa es la verdad.
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